Algunos cambios Sucrenses

Toto (Sucre) / Nota #8

Escribo nuevamente después de una ausencia por los feriados de navidad y año nuevo. Igual que varias personas aproveché estas fechas para viajar, hoy escribo desde Sucre. Llegando a Sucre fui a visitar a mi tío Coquito, que me contó un par de cosas sobre la ciudad que me parecía interesante compartir en esta entrada.

Sucre es llamada Ciudad Blanca, siempre dicen que esto se debe a que las casas de Sucre están pintadas de blanco, antes eso era una norma; los siglos han pasado y ya la norma no existe, pero por qué motivo surgió la ordenanza de pintar las casas de la ciudad de Sucre de blanco. Mi tío, mientras investigaba varios temas relacionados con las ciudad, encontró una copia del documento donde se ordena que las casas se pinten de blanco, pero para entender bien el motivo no está de más aclarar que incluso hoy en día se dice de los sucrenses que creen ser la aristocracia boliviana, dicho eso es más fácil comprender el hecho de que se ordenara pintar la ciudad de blanco para distinguir a las construcciones citadinas de las construcciones indígenas que se encontraban fuera de la ciudad y que caracterizaban por la policromía de sus casas. Ahora que me enteré del origen del título, a mí me parece una estupidez que se le siga llamando Ciudad Blanca a Sucre, pero bueno… cosa tediosa y poco fructífera es discutir con la aristocracia.

Durante los últimos años la ciudad de Sucre ha cambiado bastante, las pequeñas casas de ladrillo se extienden hasta un límite cada vez más lejano, mientras que por las avenidas comienzan a brotar los edificios y los supermercados, en pocos años han aparecido algunos centros comerciales y varias entidades financieras. La otra anécdota que me contó mi tío tiene que ver justamente con esos inoportunos edificios que se adueñan de la ciudad; años atrás en Sucre existían múltiples chicherías, la chichería de “la cinturita”, la de la “Mamá Tula” una mujer a la cual los jóvenes parroquianos trataban con el cariño y respeto de una madre, alguien que con todo la autoridad que le confería su título enviaba a los borrachos a sus casas y ellos obedecían sin chistar, la de “Don Lucho” un chichero que tenía, cual árbitro de fútbol, dos tarjetas en el bolsillo de la sucia camisa, la amarilla para amonestar a los borrachos problemáticos y la roja para que el mismo se retire cabizbajo a su casa. Durante varios años mi tío se hizo extrañar en la chicheria de “Mamá Tula”, meses atrás cuando cual hijo pródigo decidió volver a visitar la casa materna se encontró con una gran desilusión, ahí donde estaba la chichería hoy existe un banco. Me he sentido como Sabina cuando canta: “Y en lugar de tu bar me encontré una sucursal del Banco Hispano Americano.” me dijo mi tío.

Así la ciudad de Sucre, creciendo, cambiando, conservando ciertas cosas y perdiendo otras.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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