El músico

Daniela (Cochabamba)

Llega a la sala de conciertos con una polera de Eric Clapton, llama la atención el movimiento constante de su cabeza, su paso tímido. Extiende sus manos, toca, todo el tiempo toca…las manos, los rostros, el piano, el mundo. Mientras avanza coge el brazo de quien encuentra a su paso y lo saluda, pregunta por su nombre, quiere saber quién es, qué hace…La gente sonríe y se alegra de que el día de hoy alguien pregunte sobre sus vidas. Ante las interrogantes de sus admiradores, él dice que esta noche sólo ha venido a escuchar como el resto de los que estamos allí.

Sin embargo e inevitablemente, los músicos que ahora están en el escenario lo invitan a tocar un par de piezas. Él acepta dichoso, sube al escenario con algo de dificultad, pero en cuanto sus manos perciben la proximidad del piano el mundo le pertenece, y en ese mundo está toda la música y estamos todos nosotros, los que escuchamos pasmados por el talento, encantados porque ante nuestros ojos se despliega algo único e irrepetible…

Cuando la pieza termina, él quiere más, quiere seguir tocando, quiere ser notas y sonido y ruido…no importa… él quiere Ser. La voz amable de su padre, el calor cálido próximo a él, lo convencen de que vaya nuevamente a sentarse entre el público… Uno creería que está a punto de armar un berrinche. Recordamos que él es sólo un niño, que podría dar una pataleta en medio del escenario, que podría aferrarse al piano y gritar y llamar a su madre… Pero no, no lo haría jamás, él guarda una relación sagrada con el escenario y con sus colegas, así que baja tranquilamente y se sienta tres filas delante de mí

El espectáculo de él tocando el piano no es comparable con el de él como público… Él destella colores, luces intensas, lanza gritos de alegría, son aullidos de la plena felicidad… Cada nota lo eleva al éxtasis, cada armonía es para él el despertar de la humanidad. Al verlo ahí con la música flotando alrededor de él, haciéndole cosquillas, estoy segura que está en diálogo con el universo y que éste le ha confesado todos sus secretos.

Lo imagino sumergido en diversas melodías, navegando entre los grandes de la música, aquellos que le pusieron sonido a la Historia y a la vida…lo imagino en catarsis inducida por el piano de Ray Charles, un músico ciego como él…

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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