Cuando le pregunté por la esperanza

Pablo (La Habana)

Cuando Jessica dejó resbalar que era así de precoz, sentimos la
obligada retrospectiva sobre nuestras vidas y capacidades como un
insulto. 20 años como si nada, como quien da los buenos días, después
de hablar como si acabara de salir de un gran libro, repartiendo
impresiones sobre una vida que ella sabe que se le va a negar, dando
impresión de todo lo contrario. Fue entonces cuando, casi en acto
reflejo, le pregunté por si creía que iba a vivir todo aquello que
parecía que había vivido. Fueron cinco minutos de respuesta a una
pregunta que merecía un monosílabo, cinco, el auditorio de tres
personas escuchaba absorto una espléndida disertación sobre n´importe
quoi. Yo sólo podía percatarme de que en su infinita sabiduría de niña
adelantada, me evitaba con una dulzura y una sutileza que, si no
hubiera tomado aquello como un duelo de fuerzas retóricas, me habría
resultado encantador. Al terminar su magnífico discurso repliqué lo
único que se me pasó por la mente tras su asombrosa letanía “No has
respondido a la pregunta”. En ese momento sentí que otra mujer del
auditorio me golpeaba la espalda como diciendo, deja de provocar y
venera estas maravillosas palabras y reflexiones que nos acaba de
regalar. Para mi sorpresa, mi contestación la desarmó, sonrió
forzadamente y se levantó, yo también, caminamos y al cabo me confesó,
ya a solas, “No he contestado porque me duele mucho la respuesta”. Y
respondió, sucintamente, el obligado monosílabo precedió a un par de
frases explicativas que ya no necesitaba. Luego le alabé su madurez
sin pensar en que estaba siendo condescendiente, una palmada en la
espalda habría sido menos ridícula. Pasamos varias horas más juntos.
No volvimos a hablar.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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