Castigo Vacacional

Sergio Luque (New York)

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Siete días encerrado en mi apartamento, en un cubículo alquilado de Hell´s kitchen que sólo debería servir para hacer noche cuando pierdo el último tren. Intentando ordenar mi cabeza, diseñar un futuro, pintar una vida mejor con una paleta de colores que abandone la gama de grises que decora el presente.

Me levanto temprano. Salto de la cama antes del amanecer. Voy directo a la ducha, más de quince minutos dentro. Sólo allí me siento una persona, el psicólogo que no tengo diría mucho sobre eso. Me visto como si fuera a salir a la calle en un inútil intento de sentirme bien conmigo mismo. Me preparo un café, cereales, y me quedo de pie, parado en medio del salón, mirando la calefacción. No sé qué hacer. No hay ninguna razón por la que salir fuera, y tampoco por la que quedarme, pero fuera hace frío.

Es diciembre y como no he cogido vacaciones en todo el año mi empresa me obliga a tomarte todo el mes de descanso. Me han jodido. Cuando se tiene una vida normal las vacaciones son un alivio, un remanso de paz interior donde puedes hacer lo que quieras. No es mi caso. Yo no tengo una vida normal, vivo en NY. La hubiera querido, pero ahora parece demasiado tarde. Por eso miro la calefacción, en busca de una respuesta, de qué hice mal, de qué tengo que cambiar.

Cuando me vine aquí me dediqué a trabajar como un animal, como se supone que se tiene que hacer en un lugar como éste donde la cultura del esfuerzo manda. Apenas dormía, respondía al correo veintitrés horas al día, me reunía con gente desde el desayuno a la cena. Hice de mi trabajo mi vida y ahora no tengo vida, sólo trabajo.

Cuando todo es éxito, es ameno, no se puede negar. Cuando hay clientes hay fiestas, cuando hay fiestas hay alcohol y compañía. Pero todo eso es frugal, es anodino, es vacío y cansa. Por eso uno acaba abandonando las fiestas por un whisky en casa y un buen disco sonando en unos cascos que cuestan más que un ordenador medio. Reclinado en un sofá de cuero negro sintético en el que no parece que puedas encontrar la postura jamás y que me conduce, inevitablemente, a tumbarme en la alfombra.

New York está preparada para gente como yo. Es más diría que está hecha por y para gente como yo, pero es Navidad y mi desgana es incompatible con el ánimo generalizado. Mi soledad no puede estar más sola estos días.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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