Cuando no cabe nadie

Pablo (Madrid)

El fenómeno de consumo navideño en Madrid por excelencia es la interminable fila que miles de respetables ilusos hacen para conseguir un boleto que cuesta 20 respetables euros y que tiene el respetable 0,000011% de posibilidades de ser elegido como ganador, en la administración de lotería de Doña Manolita, en la Gran Vía, con vistas al sorteo del día 22, que además, a partir de ahora, está gravado con impuestos.

Este año ha sido el primero en que se ha importado de forma masiva el tradicional Black Friday estadounidense del último fin de semana de noviembre, y cada año el árbol eléctrico de luces verdes y rojas de la puerta del Sol le araña un par de días al calendario como símbolo capitalino de comienzo del mes de compras. Sin embargo, el hecho más relevante que se viene repitiendo en los últimos años, y este en particular con gran fuerza, es la acumulación espontánea y casi claustrofóbica de gente en el centro de la capital el viernes y el sábado por la tarde-noche del puente de la Constitución, el primer fin de semana de diciembre.

Aleatoriamente y como en un atasco de tráfico, las calles adyacentes a la Puerta del Sol y en especial la propia plaza se convierten en pequeños camarotes llenos de gente por los que resulta complicado y agobiante intentar pasear, ya que no hay espacio físico por donde hacerlo. Los choques son habituales, así como las filas lentas de gente que trata de avanzar con un mínimo de orden para pasar, generalmente, en dirección a alguna tienda. Curiosamente este fin de semana se producen grandes desplazamientos del centro de la ciudad a las afueras, pero son aún más los que vienen desde fuera hacia dentro, y por lo general, con el mismo propósito, es decir, ir a la capital, pasar un par de días y hacer las compras de navidad. Y sin que nadie lo remedie, ni haya un descuento mayor o una razón lógica, el azar, el clima y las costumbres atraen a todos esos compradores a la tarde-noche para atestar la puerta del Sol de calor, ruido y prisas humanas. Si cualquier otro día del año se produjera algo así, la omnipresente Policía desalojaría la plaza con violencia y habría multas y detenidos. En esta ocasión, ya prevenidos y con una ambulancia al lado, simplemente, se les mira y se les deja comprar.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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