Villa Crespo

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Villa Crespo es uno de los barrios que creció más rápido en Buenos Aires. Hace cosa de siglo y medio, casi nadie vivía en la zona porque se inundaba permanentemente con las crecidas del arroyo Maldonado. Ese arroyo fue tentador para empresarios textiles. Algunos decidieron instalarse en el barrio porque las tierras eran baratas y contaban con un hilo de agua para usar de vertedero.

Villa Crespo, entonces, nació al calor de la industrialización. En 1888, apareció una enorme fábrica de calzado. En pocos años, llegó a tener más de mil operarios. Ese nivel de actividad tuvo una consecuencia lógica: el arroyo se convirtió en un peligro para la salud de los que vivían a la vera del arroyo. Llegaron después las curtiembres y fábricas de tejidos.

El crecimiento del barrio fue meteórico. Más gente, más calles, más viviendas. Los que tenían terrenos empezaron a lotearlos, uno de los grandes negocios de los porteños del cambio de siglo. Se construyó una viviendo colectiva para los trabajadores del calzado. Estas casas en Buenos Aires son conocidas como conventillos por su planta edilicia: un patio central rodeado por dos pisos, o más, de habitaciones. En 1907, las condiciones de hacinamiento precipitaron una huelga masiva de inquilinos. El precio de los alquileres había subido drásticamente y las condiciones de vida eran pésimas. El conventillo de Villa Crespo fue de los más combativos de la ciudad.

Inmigrantes se mezclaron en el barrio. Primero los italianos, después los vascos, y más tarde judíos, armenios, turcos y árabes. Uno de los resultados de esta convivencia es la omnipresencia de la comida en el barrio, en el pasado y en el presente. Durante la Semana Trágica de 1919, la Liga Patriótica, un grupo paramilitar caracterizado por su antisemitismo y anticomunismo, salió a las calles de Villa Crespo para buscar y agredir a los judíos azquenazíes, conocidos en Buenos Aires como “rusos”, a pesar de que habían llegado principalmente de Polonia.

Creo que mi personaje preferido del barrio es Paquita Bernardo, apodada “La Flor de Villa Crespo”. Fue la primera bandoneonista en la historia del tango, y una de las pocas. El bandoneón exige abrir y cerrar las piernas al tocarlo, algo inaceptable para una mujer. Paquita no se preocupó por los comentarios y se presentó en diferentes reductos de la ciudad. Murió a los veinticinco años.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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