SOBRE EL EXTRAÑO ARTE DE CONVERSAR II

Café en esquina del Montmartre con poeta italiana.  (Juliat. Desde la Comunidad Trashumante y Autónoma de Mis Zapatos)

 -y justo llego y en lugar de decirme hola se pone contra la cara un papel con un garabato dibujado que decía chau!, se había equivocado, claro, con tanto apuro no pudo ver, y se confundió de papel. Ahora pienso, una lástima, porque en cuanto vi eso lo primero que hice fue retroceder el paso que había dado al entrar por la puerta, y así en reverso, baje los 2 pisos de escalera hasta la calle, continué hasta la esquina, y hasta la otra esquina,  la de la boca del metro, y por allí descendí, para que después de un rato de viaje, entre de espaldas por la puerta por la que había salido. Pero volví a salir, el rebote del impulso me llevó otra vez hasta la boca de metro de la que venía, y de allí a la esquina, y la otra esquina, la escalera, la puerta y el cartel, contra su cara, contra la mía. Esta vez no decía nada, entonces me quedé-, me dijo Botta buscando con mirada insistente al mozo para pedirle un café. No le respondí nada, sólo atiné a sonreír.

Por suerte al sol se le había ocurrido salir un poco esa tarde. La terraza del bar en la que Botta y yo nos habíamos dado cita, hacía ángulo con una plaza llena de árboles floridos en la que una vieja calesita giraba vacía al ritmo de una canción de Brassens enlatada que se repetía.

Botta estaba particularmente elegante aquel día. Con ese estilo de placar desordenado, pero sobrio, nuevo y limpio, era la primera vez que la veía con un sombrero, y sería que le incomodaban, pensé, porque no hacía más que mover el artilugio color rojo con cierto fastidio hasta que finalmente lo tiró contra la mesa.
Las dos sacamos el tabaco de nuestros bolsos. Las dos sacamos de nuestros bolsos un ejemplar de El Hambre de Knut Hamsun. Las dos armamos un cigarrillo. Las dos fumamos y bebimos entre el humo el café amargo. Las dos callamos mientras tanto mirábamos todo lo que se movía alrededor:
una mujer que caminaba con una rueda de bicicleta en cada mano, un niño que cruzaba la calle empujando a golpecitos una pelota azul, otra mujer de botas de vaquero que cruzaba apoyada en un bastón, una niña que esperaba que su padre le quitase el pulóver de corazones rosas para subir luego a un coche, otra mujer que pasaba con la mano en la oreja, una moto que pistoneaba quieta y otra en movimiento, una mujer que cargada de bolsas comía  gajos de mandarina inclinándose para atraparlos con la boca hacia la altura de su propia cadera, una pareja de ancianos que cruzaba tomados del brazo (el hombre balanceando con la otra mano una baguette), un pequeño niño que elegía con autoridad una mesa para sentarse a almorzar con su madre tocándose el brazo enfundado en una manga azul que en el hombro llevaba bordada un ancla dorada, una mujer morena que se detuvo en la esquina y con el dedo en alto le gritó a los coches que pasaban  que pese a que ellos no lo quisieran Jesús los amaba y que luego continuó su camino con prisa y maldiciendo, un niño que al llegar a la esquina detuvo exageradamente su monopatín y casi cae de narices, una mujer de expresión inexpresiva que empujaba un carrito lleno de juguetes móviles de plástico dentro del cual llevaba a un minúsculo bebé, el camión amarillo del correo que pasó con prisa seguido de una ambulancia sin apuro, unos turistas que divagaban con sus colores y sus bigotes a dónde ir, qué ver, un hombre que pasaba en bicicleta y frenó con un pie contra el asfalto, un hombre de poco pelo blanco y anteojos negros que cargaba un periódico que parecería pesar dos kilos, una mujer de boina y bastón elegantes que miraba muy de cerca un sobre cerrado , una pequeña mujer que arrastrando un carro cargado  gritó alalá! cuando en la avenida un coche tocó con insistencia su bocina, una mujer de cabellos muy cortos que llevaba a un bebé atado contra su pecho, otra mujer de cabellos muy largos que llevaba contra su pecho una bolsa llena de puerros, un hombre que se detuvo con la billetera en la mano a mirar los precios del bar, una pareja que caminaba de la mano acompañada por su hijo adolescente que andaba un poquito más atrás con las manos en los bolsillos, una mujer que caminaba con un pañuelo blanco contra la boca, un joven que escupió inmundamente contra la vereda,  una limousine negra que parecía nunca acabaría de pasar, un hombre que  hablaba por teléfono mientras cargaba un fardo de cajas de cartón desarmadas, dos mujeres cubiertas de túnicas de vivos colores que parecían quejarse de algo, dos mujeres de velo sobre la cabeza y largos vestidos marrones que miraban de reojo, un hombre chueco en short azul brillante que tomó un rumbo que al principio no parecía  iría a tomar, un hombre de gorra nike y largo impermeable que hablaba con otro en árabe y que luego lo despidió en la esquina dándole palmadas en la espalda, y el sol que se había comenzado a ocultar tras unas nubes, el café que se acababa al mismo tiempo que los cigarrillos, la canción de Brassens en la calesita que volvía a comenzar.
-vamos.
-sí, dale, vamos.
Y nos fuimos. (sin pagar)

 

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s