Metrogas

Federico (Buenos Aires)

Con mi mujer y mi hijo vivimos cerca del centro geográfico de Buenos Aires. Si uno mira un plano de la ciudad, en el centro hay un círculo que es el Parque Centenario. A pocas cuadras está nuestro departamento, en una zona típica de la clase media porteña.

Hace tres meses no hay gas en el edificio. Miento: otros departamentos ya lo recuperaron. Nosotros estamos en el grupo de los rezagados.

En los primeros días de agosto hubo una explosión muy grande en un edificio de Rosario, a 300 kilómetros de acá, y una vecina se asustó cuando vio las noticias. Llamó en el acto a la compañía de gas y el resultado fue el corte total del suministro.

El edificio fue construido en 1960 y, según dicen algunos que lo habitan desde el primer día, las cañerías de gas nunca habían sido cambiadas. Originalmente teníamos una caldera, una estructura enorme y pesadísima en el sótano, que calentaba agua para todo el edificio. Una vez que se rompió, nunca fue arreglada. Cuando nos mudamos a este departamento, en 2010, la calefacción y el agua para la ducha ya estaban conectadas al gas. Todavía quedaba en el living un radiador sin uso, adherido a la pared y cubierto por un mueble de madera, que ahora usamos para dejar las llaves al entrar a casa. El radiador, también pesadísimo, se lo llevaron los pintores que sacaron el empapelado que tenía la dueña anterior del departamento, otra de las pioneras del edificio.

La caldera sigue en el sótano. Es tan grande que sacarla de ahí costaría mucha plata (hay que cortarla en pedazos, contratar a una cuadrilla que se encargue de transportar todos los desechos) y el lugar que ocupa en el sótano no podría ser aprovechado. Vivimos en una zona inundable, así que gran parte del piso del sótano es un charco de agua y escombros.

Entonces desde hace tres meses dependemos de la electricidad. A pesar de que Argentina está pasando por una crisis energética seria, conectar un horno eléctrico y un calefón eléctrico no cuesta tanta plata. Por estos últimos dos meses, nos corresponde pagar 100 pesos. Es poco. En realidad, deberíamos pagar 400, pero el Estado subsidia los servicios.

De a poco, nos fuimos acostumbrando a esperar un poco para ducharnos. Hay que dejar el calefón enchufado durante unos veinte minutos. Descubrimos que la temperatura del agua es importante, pero también cuenta la presión. Ducharse con un chorro débil es una de las peores formas de empezar el día.

Esperamos volver a tener gas antes de fin de año. Algunos vecinos ya lo consiguieron. Somos optimistas.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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