Despedida

Cempazúchitl (Washington, DC)

Me llegó el momento de decirle adiós al blog, mismo que, por otro lado, ha estado abandonado por todos los miembros. Ojalá los miembros que se quedan (y los que se suman, si es que suma alguien) lo mantengan vivo. Ojalá. Para beneficio del lector, aclaro que regreso a México, donde finalmente encontré un trabajo que, espero, satisfaga mis necesidades profesionales y personales de una mejor manera que mi ocupación actual. A diferencia del organismo neoliberal asesino en el que trabajo, mi futuro empleador, que es aún más neoliberal y más asesino, me exige dejar de escribir.

No le digo adiós nada más al blog. También me voy de Washington, DC, después de haber estado acá por poco más de 5 años. Mi historia de amor con esta ciudad empezó en 2005 cuando vine buscando a una ex-novia con la excusa de hacer unas prácticas. Fue la primera vez que me rompieron el corazón; con el tiempo, me tocó estar en la posición de ella. Es una posición incómoda, si me preguntan. Eventualmente, me terminé enamorando de la ciudad e hice mucho para volver a estudiar y trabajar aquí. Extrañaré muchas cosas de este lugar: jugar futbol con mis amigos, principalmente, pero también banalidades como las practicantes ilusas que creen que “entienden” a la ciudad, o la gente que se queda aquí pensando que quizá en sus países pudieron tener (y construir) un mejor futuro. Washington es una ciudad extremadamente pequeña y provinciana y es fácil sentir que uno se repite al cabo de un tiempo, pero no deja de ser el lugar donde se toman decisiones que impactan a muchísimas personas y, en ese sentido, siempre tiene algo qué ofrecer.

No nada más le digo adiós al blog y a Washington. También le digo adiós, al menos por el momento, a la errancia. Me fui de México el 2 de agosto de 2006 a unas prácticas profesionales de cuatro meses; estuve 7 años fuera del país. La vida me llevó a Europa, a Siria, a Mauricio, a Edo State, a Brasil, a diferentes partes de EUA, y muchos otros lugares más (muchos de los cuales ni siquiera me imaginaba que iba a visitar) sobre los que escribí en este blog. En realidad, no me puedo quejar: uno aprende por igual en Bujumbura que en Luxemburgo. En mi nuevo trabajo también tendré que viajar, aunque serán viajes más domésticos al interior de México y, esporádicamente, a Nueva York y a América Latina. Quizá escriba algo sobre estos nuevos viajes y cuando me retire publique unos cuadernos de viaje, a la manera del siglo XIX, junto con las crónicas que hice para este blog y las que hice antes, cuando empecé a descubrir el mundo.

Con las despedidas vienen también las bienvenidas y los descubrimientos. Tengo la certeza de que volver a México será una aventura, al menos al inicio. He viajado muy poco en México; conozco Seychelles pero no Cancún; el Tanganyika pero no el Cañón del Sumidero, y así; estoy ansioso de poder finalmente descubrir México. Por otro lado, tengo la certeza de que la readaptación será otro componente de la aventura. Cuando llegué de mi año de intercambio, hace mucho tiempo, tuve “choque cultural” al volver a México, y no un año antes, cuando llegué a Francia. Digámoslo claramente: uno se acostumbra a lo bueno, y en los países de renta alta es fácil tener, al menos por ahora, una vida buena. Es fácil acostumbrarse al tranvía que pasa por la estación cada dos minutos y medio con presición milimétrica; es más difícil habituarse nuevamente al autobús que pasa cada media hora en esquinas fuera de ruta y no se para aunque uno lo pida. A pesar de sus problemas, México ha cambiado mucho, y creo que para bien, desde que me fui. Mis amigos y familiares no lo ven porque ellos están ahí, en el ojo del huracán, pero desde fuera es claro que el país que dejé hace 7 años ya no es más: la gente es más irrespetuosa e irreverente, cosa que, en un país conocido porque la gente dice “mande usted”, no es necesariamente mala. Los contrastes sociales, el racismo, y el clasismo siguen estando ahí y según las últimas estadísticas ha aumentado, pero noto un optimismo cada vez más palpable de que el país va para adelante.

Le doy la bienvenida también a la adultez. Siento que estoy entrando en una etapa de mi vida en la que tengo que aterrizar cosas y empezar a construir. Por edad, formación, y coyuntura, este es el momento en el que tengo que contribuir con algo. La eterna juventud tiene sus ventajas, pero envejecer también es un imperativo, no solamente biológico, sino también moral: con la edad empiezan a llegar las responsabilidades, como las que tengo yo con mi madre, que está cada vez más vieja y débil, y con mi pareja, que (a veces de forma consciente y a veces sin quererlo) sacrifica parte de su futuro profesional cada vez que nos toca mudarnos de país.

Además de la aventura y la adultez, también quiero reconectar con algo. Siete años en el aire son muchos si no se tiene un objetivo claro de hacia dónde se va. Todavía no lo tengo, pero al menos en México tendré los pies sobre algo sólido.

Así, pues, querido lector, espero que haya disfrutado de mis crónicas tanto como yo disfruté escribiéndolas y viviéndolas. La escritura es una forma de catarsis, un bálsamo que nos ayuda a exteriorizar las cosas que nos pasan. Quizá por eso haya cada vez más escritores y menos lectores, aunque lo óptimo sería lo opuesto…

Gracias, querido lector.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Ciudad de México, Washington. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Despedida

  1. Pablo dijo:

    Acabo de leerlo Cempa, espero que tengas mucha suerte en tu nueva vida y que si finalmente haces el libro de viajes, nos lo comentes, pues personalmente me encantará leerlos. Ha sido un placer leer tus crónicas y ojalá pueda seguir haciéndolo de la manera que sea. Un abrazo enorme. Pablo

  2. Aletz dijo:

    Mucha suerte Cempa! Y será un enorme placer leer tus crónicas..

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