Accra

Cempazúchitl (Accra, Washington, DC)

Una de las fotos de satélite más curiosas que he visto es la que muestra la frontera entre Tijuana y San Diego: de un lado, el orden; del otro, el desmadre absoluto. Si existiera, una foto mostrando la frontera entre Togo y Ghana mandaría el mismo mensaje aunque en diferentes proporciones: de un lado, el ghanés, algo de progreso; del otro, Togo, un país que cada día está peor. El aeropuerto de Accra huele a orines, cosa que es, en sí misma, una mejora substancial respecto a su similar de Lomé, que huele a mierda.

Cada cierto tiempo, la comunidad del desarrollo internacional (lesbianas suecas, funcionarios públicos de agencias de cooperación, consultores, etcétera) agarra un país africano como muestra de progreso en la reducción de la pobreza y lo va presentando incansablemente con el mensaje de que sí se puede progresar.  En la primera década de este siglo, el elegido fue Uganda; antes, la joya de la corona fue Kenya. Nótese que, en ese sentido, la comunidad del desarrollo internacional no es muy diferente a los banqueros de inversión y especuladores financieros, que cada cierto tiempo también presentan a algún país como la promesa de altos retornos combinados con estabilidad financiera; hace 30 años, fue España; después fueron los tigres asiáticos, y más recientemente fueron los BRICS, particularmente Brasil. El año pasado, después de ser el underdog de la comunidad financiera, se estuvo hablando bien de México, pero los últimos números del PIB decepcionaron a todos. Tanto las burbujas de la gente que trabaja en desarrollo como las de los banqueros terminan colapsando: hoy, millones de dólares, cientos de consultorías, miles de congresos y muchísimas horas hombre después, la esperanza de vida en Kenya y Uganda sigue siendo de menos de 55 años; España, los tigres asiáticos y Brasil terminaron colapsando, ya sea estrepitosamente (España y los tigres) o gradualmente (Brasil). Tanto las lesbianas suecas como los banqueros yuppies cocainómanos necesitan algo en qué creer y algo que los decepcione. Después de todo, sólo somos humanos.

Para la comunidad del desarrollo internacional, esta década es de Ghana: organizaciones como en la que yo trabajo, cooperantes bilaterales, oenegés, y demás fauna, pasarán los siguientes años presentando a Ghana como un caso de éxito, un ejemplo para los países pobres; prestaremos y donaremos muchísmo dinero a proyectos, algunos con futuro, pero la mayoría un despilfarro en términos netos, creyendo que en Ghana sí están dadas las condiciones para abatir la pobreza y traer progreso a los pueblos del mundo.  Es una mentira. Ghana está mejor que Togo y que todos sus vecinos en parte porque encontró petróleo, pero presentar eso como un logro es una aceptación implícita del fracaso de la idea de desarrollo internacional.

¿Por qué creemos que Ghana está progresando? Me imagino que el hecho de que Kofi Annan (Kofito, como le decía Chávez) sea de ahí tiene algo que ver. También ayuda el hecho de que sea un país de habla inglesa rodeado de ex-colonias francesas; la industria del desarrollo internacional está manejada por los países anglosajones, que obviamente disfrutan en restregarle a los franceses, falsamente y sin razón, que su modelo de colonización fue menos malo. El hecho de que se haya descubierto petróleo en Ghana también ha puesto al país en la mira de muchos.

Por las razones que sea, ahora creemos que Ghana es el modelo a seguir. Poco importa que el país no tenga un proceso presupuestario funcional y que cada año terminen con un déficit peor que el anterior, o que el presidente esté destruyendo la densidad institucional del Ministerio de Finanzas dividiéndolo en dos. Ghana es la nueva niña bonita de la clase, y punto. Así vamos…

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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