Bujumbura III

Cempazúchitl (Washington, DC)

¿Cuánto vale la vida humana? En Burundi, no mucho. Y no digo esto porque la mayoría de la población gane menos de dos dólares al día; hablo de un valor mucho más fundamental.

En Burundi hay tres cosas que hacer en un fin de semana: ir al Hotel Club du Lac, que tiene una piscina semi-olímpica; ahí es a donde van los ricos y los expats; ir al Lago Tanganica o a algún otro lugar del interior: ahí es a donde van las lesbianas suecas (y belgas, y holandesas, y de donde sea) de las ONGs; la última opción es ir al zoológico; ahí es a donde van los pocos burundianos que pueden darse el lujo de pagar los 4 dólares de la entrada.

El zoológico es patéticamente sorprendente: hay cuatro cocodrilos a los que no se les ha cambiado el agua en años; un leopardo deprimido que se deja acariciar el lomo; una changa histérica a la que le han dado de de desayunar te y galletas, y frijoles rojos de comer todos los días desde hace por lo menos 8 años. Hay también un herpetario con un montón de serpientes venenosas que se escapan recurrentemente (durante mi visita, se escapó la cobra).

Como el concepto de seguridad no existe en Burundi (en África en general), uno tiene la oportunidad de estar realmente cerca de los animales. Los animales, obviamente, se llevan la peor parte: durante mi visita, la guía nos fue mostrando los 6 animales uno por uno. La estrella del zoológico es un cocodrilo macho de 38 años que se llama Lacoste. Lacoste es un animal hermoso: 5 metros de largo, ojos verdes, piel rugosa.  Lacoste ha vivido más que el 60% de la población de Burundi. Ni la guía ni mi chofer, ni los nativos que estuvieron en la visita sabían que Lacoste es una marca de ropa cuyo logotipo es un cocodrilo, y que por lo tanto de ahí surgió (o pudo haber surgido) el nombre del animal. Menciono estos dos factoides para que nos demos una idea del grado de destrucción y precariedad de Burundi: hace tiempo la gente sabía lo que era Lacoste; tras 50 años de guerra, ese conocimiento ya no existe, se perdió; también, es posible que Lacoste tenga 38 años efectivamente, pero como la gente en Burundi se muere a los 50, 38 puede ser una forma decorosa de decir “muchos”.

Después de contarnos que Lacoste come 16 hamsters al día (nos enseñaron el criadero de los hamsters, pero llegamos después de la hora en que alimentan a los cocodrilos), la guía tuvo la fabulosa idea de picar a Lacoste con un palo hasta que se moviera. Tras emitir varios gritos de queja, al animal no le quedó alternativa más que meterse a la alberca de agua enlamada. Contrario a lo que creían los egipcios, dios no tiene forma de cocodrilo. Después, en el herpetario (cuando atraparon a la cobra reanudaron el acceso a los turistas), la guía golpeó las peceras y las jaulas de varios ejemplares hasta que hicieran “algo.” Unos niños replicaron su ejemplo. Le insistí varias veces a la guía que dejara de maltratar a los animales. Al notar que estaba visiblemente molesto, me dijo que lo hacía para que la gente viera cómo se mueven los animales.

Creo que nunca me había sentido más parecido a las lesbianas suecas de las ONGs, intentando imponer valores extraños en una tierra de la que no entiendo nada. En un lugar donde la gente se mató diariamiente durante 50 años y donde todavía lo hacen con cierta frecuencia, y donde no hay fuentes de entretenimiento, el único bálsamo es ir a ver animales moverse los fines de semana, y si hay que forzarlos, peor para ellos. Ningún programa de cooperación o préstamo del Banco Mundial, o programa de oenegeístas universitarios va a hacer nada para cambiar la “situación de los derechos de los animales del zoológico de Bujumbura”(las comillas son porque bien podría ser el título de un proyecto de lesbiana sueca financiado con dinero público): los derechos de los animales son un lujo, y mientras no se resuelvan cosas más urgentes se les dejarán de lado. Yo me puedo indignar de que se pique a un cocodrilo con una vara porque no me tocó vivir una guerra civil; la gente en Burundi no se peude dar ese lujo; quizá, con un poco de suerte, sus descendientes podrán hacerlo en 250 o 300 años.

Hacia el final de mi visita, recibimos una alerta de seguridad porque Al-Shabab, la filial somalí de Al Qaeda, amenazó a Burundi con atentados terroristas. La razón por la que Al-Shabab odia a Burundi es porque Burundi envía cascos azules a AMISOM, la misión de paz de la ONU en ese país. Misteriosamente, todos los vuelos de y hacia Bujumbura de ese fin de semana fueron suspendidos por “razones técnicas.” A veces, es mejor tomar las versiones oficiales y no hacer demasiadas preguntas….

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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