Mi ex

Pablo (Madrid)

Este es mi último lunes con ella, ya no hay marcha atrás, lo dejamos, es mutuo pero la casa la dejo yo. Han pasado cerca de 2.400 días desde que la conocí el 1 de octubre de 2006, y sé que dentro de dos será el final. En este tiempo estuvimos separados durante ocho meses pero luego volvimos, hasta ahora, que nos decimos fue bonito mientras duró, sin saber por completo si en algún momento se dará marcha atrás, como siempre en estos casos, sin cerrar puertas ni mucho menos. Mientras estaba con ella he conocido alrededor de unas 250 personas, me habré cruzado con cientos de miles y he caminado por todas sus extremidades sin llegar a conocerla del todo, sin que realmente me importara. Conozco muchas de sus zonas como si fueran mías y he visto todo lo que había que ver en ella aunque algunas cosas, sin duda, las vaya a olvidar. Del resto, lo habitual, nada que no sea previsible en una relación larga, nada que no se haya contado cientos de veces.

La verdad es que ella y yo hace un tiempo que veníamos durmiendo en camas separadas. Ya hace unos días que habíamos entrado en esa fase en la que sabíamos que esto se acababa y que prolongarlo carecía de sentido, lo intentamos, pero simplemente no funcionó, la última vez que nos distanciamos sentí que ya no tenía motivación para volver y que sólo había que preparar las maletas y dar un último beso y un repaso a los buenos recuerdos. Esto se acaba sin reproches ni malos modos, supongo que será una ex a la que veré de vez en cuando, quizá bastante de vez en cuando, con la que hablaré a menudo y con la que quedaré a tomar café para ver cómo le va todo. Ha sido una relación de siete años, así que algo quedará.

De los principales recuerdos, Madrid me hizo sentir orgulloso y especialmente feliz en aquella semana de mayo de 2011 en la que durante cinco días los ilusos soñadores salimos a hacernos compañía las 24 horas en pleno centro, arrastrando a los incrédulos que pensaban que no volverían a soñar. Se quedó sólo en un pellizco, pero dejó marca.  De esta relación dejo lo que siempre se deja cuando uno se va y me llevo lo que siempre se lleva uno cuando crece, pero obviando todo lo obvio, me llevo como símbolo literario de la ciudad, al río, y como leit motiv narrativo de la vida en esta ciudad a la persona que me acompañó desde las casualidades de los primeros días aquí, a los insensatos consejos de los últimos, quedándose feliz, haciendo que yo me vaya más tranquilo por ello.

No me voy con otra, no he conocido a nadie mejor con quien la haya engañado o vaya a hacerlo apresuradamente tras la ruptura, simplemente se acabó, ahora queda esperar saber qué nueva relación me espera y cuánto tardo en encontrarla. Entre tanto, a modo de paréntesis, vuelvo al origen  (dicen que es el primer paso para ser original) y luego ya veremos. Eso sí, no dejaré de escribirla de momento, siete años dan para muchos lunes, quizá intercalados con otras, quizá no, pero no se puede olvidar tan pronto y será interesante escribirla de memoria, a ver qué sale.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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