Luces en el agua

Cempazúchitl (Washington)

Hay un momento muy cursi en las Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar y es cuando el Emperador Adriano llega a la orilla del Golfo Pérsico y decide dar marcha atrás y volver a casa a petición de sus soldados, cansados por las inclemencias y las tribus del desierto. Adriano llora en el mar y se pregunta qué hay allende el mar. Año más tarde Valerio Massimo Manfredi copiaría la escena en su trilogía Alexandros, pero con el Gangés como escenario y Alejandro Magno como protagonista.

Me imagino que todos tenemos un momento similar en algún punto de nuestras vidas; nadie está exento de la cursilería. Yo tuve dos momentos similares en mi último viaje a Togo y a Burundi, y ambos episodios estuvieron protagonizados por luces en el agua.

Lomé es uno de los puertos más importantes en África del Oeste. Con el colapso de Costa de Marfil de 2011, la actividad en el puerto aumentó aún más. Actualmente, el puerto opera a 100% de su capacidad y hay una fila permanente de barcos esperando atracar en el puerto. El tiempo promedio de espera es de dos meses. En las noches, cuando se va por la carretara costera, se puede ver las luces de los barcos encendidas. Es algo impresionante de ver: los barcos producen y consumen tanta electricidad que es posible verlos perfectamente en la oscuridad, a pesar de que estén a casi 50 kilómetros de distancia de Lomé. Me imagino que el hecho de que Lomé esté sumergida en tinieblas hace que el efecto sea aún mayr, como cuando uno va en la carretera y va llegando a una ciudad por la noche. ¿Cómo se verá Lomé desde los barcos? ¿Quién produce más luz: los barcos en su conjunto, o Lomé? Apuesto por los barcos.

***

El hotel en el que me quedo en Bujumbura está en la orilla del lago Tanganica. Al estar en medio de la selva, Bujumbura está nublada la mayor parte del tiempo: la visibilidad es, por lo general muy reducida y no se puede ver la otra orilla del lago. Pero en la noche, cuando las nubes empiezan a subir, se puede ver dos conglomerados urbanos al final del lago: es Congo, la última frontera, el último lugar, quizá junto con Afganistán, donde la vida humana no vale nada. Me imagino que, si nosotros vemos estos dos “conglomerados” (la gente de Burundi dice que no son ciudades, pero no entiendo bien por qué), ellos pueden vernos también.

***

Las luces en el agua son las cosas que nunca podré hacer: sólo hay una vida y dura muy poco. Es seguro que nunca me subiré a un transatlántico mercante que vaya de África al resto del mundo cargado de azufre y materias primas; no veré a Lomé desde el Océano Atlántico. También, aunque termine yendo a Congo algún día, no sé si termine visitando las ciudades que ven a Bujumbura. Si tuviera que apostar, sería al no.

Los escritores tienen la fortuna de imaginar diferentes vidas, de imaginar vivir todas las vidas del mundo. Yo, como no soy escritor, me conformo con contar en este blog lo que veo (y lo que, desafortunadamente, no veo).

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Luces en el agua

  1. Pingback: Tres reflexiones desde Bujumbura | Siete Ciudades

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