El crack

Aletz (Cholula)

El crack nació en Cholula. Específicamente en mi Universidad, facultad de Humanidades, Departamento de Filosofía y Letras. Uno de sus integrantes, Pedro Palou, fue mi profesor en la licenciatura. Recuerdo sus clases y la manera como casi siempre se dirigía a un solo alumno en diálogos de hora y media. En realidad aprecio que nunca se haya dirigido a mí. Yo había pasado los últimos tres años de la preparatoria con la férrea misión de acabar de leer la colección Sepan Cuantos de Porrúa. No me acerqué ni a una décima parte, pero aún así ya es mucho. Sabía mis clásicos, pero todo mi conocimiento no hubiera servido de mucho para discutir con Palou. Lo que no sabía lo inventaba, y sabía mucho.

Los otros, Volpi y Padilla, llegaron después. No tomé clases con ninguno de ellos, pero a Volpi lo conocí en París. Fui a estudiar la maestría en la Sorbona sin saber lo que era una universidad pública. Después de semana y media viviendo en un hostal, cuidando cada noche mi laptop bajo la cama y cargándola conmigo durante todo el día mientras hacía mil trámites, decidí ir a la Casa de México. Me presenté como amigo de Pedro Palou y subí directo a la oficina de Volpi. A manera de saludo, le comenté que Pedro estaba bien de salud, trabajando y escribiendo como siempre. Luego, al grano, le pregunté si en la embajada de México ofrecían alojamiento. Mis ahorros se esfumaban con el hostal y todavía no veía ni cercana la posibilidad de rentar un departamento.Volpi me respondió que la embajada no daba esos servicios, en parte porque París era la ciudad con mayor demanda de alojamiento en el mundo. A manera de consuelo me firmó y regaló uno de sus libros.

 Llevé En busca de Klingsor a la Cité Universitaire (donde una semana antes se habían reído de mí por querer rentar un cuarto sin haberlo solicitado con un año de anticipación) y lo leí en uno de los jardines. Me gustó mucho la idea de mezclar la ciencia y el espionaje, sobre todo en una literatura como la nuestra tan abocada a la psique, la ironía y la depresión existencial.

Esa misma tarde, le expuse a mi directora de tesis el tema de mi investigación: Cortázar. Ella se negó al instante y ante su expresión de horror, un hispanoamericano más en París estudiando a Cortázar, le dije que mi segunda opción era estudiar a Jorge Volpi.

“Podría incluso entrevistarlo. Volpi es un conocido,” dije y ella volvió a retomar aliento.

Terminé mi Maestría en un año. No sabía si seguir con el Doctorado, así que regresé a Cholula. En mi universidad, me encontré con Padilla.

Padilla fue, sin lugar a dudas, el más parlanchín de los tres. Una vez que estaba yo sentado en un sofá del Departamento, se acercó a preguntarme si quería hablar con él. Le dije que no, pero apenas se dio media vuelta, otra persona lo abordó y empezaron a hablar de manera muy animada del Quijote. Desde mi sillón hice un comentario más o menos banal y desde entonces cada vez que nos cruzábamos en la universidad, Padilla me preguntaba de dónde me conocía y me contaba lo último que había hecho.

De Padilla leí en esa época, Amphytrion. Como las novelas de Palou y Volpi hasta entonces, estaba situada en el extranjero, con una trama que no le temía al factor sorpresa y con un lenguaje más o menos convencional. Vendieron mucho, especialmente Volpi, y eso, en México, es muy mal visto.

Pero el valor literario se podrá juzgar a su debido tiempo. Lo importante ahora es notar que esos tres escritores con la mirada al mundo compartieron, como centro geográfico, el pueblo de Cholula. Una explicación posible es que, siendo tan jodido el pueblo, los tres buscaron escapar de él con la ficción. Otra explicación, la que prefiero, es que en Cholula descubrieron un lugar que era un reflejo, en sus contradicciones exóticas y grotescas, de otros lugares dignos de ser narrados.  

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Cholula, Montreal, Uncategorized y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a El crack

  1. Cempazuchitl dijo:

    EPILOGO

    Palou eventualmente se convirtio en el rector de la Universidad. Tuvo la mala suerte y la ineptitud de ser el rector que acelero la decadencia de la institucion. A la fecha, es el hombre mas odiado de la historia del lugar, aunque el hace tiempo se olvido de Cholula: ahora “da clases” (es decir, cobra por no hacer nada) en la Sorbona.

    Cuando tenian dinero, a Nachito los espanyoles le pagaban viajes recurrentes a Madrid, Valencia, Barcelona, etc. Ahora, solo escribe libros de baja penetracion entre el amplio publico.

    Volpi se hizo amigo de Calderon, quien lo nombro director del Canal de television del Estado Mexicano. Durante su mandato, el canal dejo de lado los programas de discusiones de intelectuales que nadie veia y empezo a producir series. Volpi hizo lo increible: hizo que la gente viera la tele del Estado, aunque cada vez parece mas un HBO subsidiado. Tras su exito comercial, Calderon lo distinguio nombrandolo agregado cultural en Roma. Ahi, Volpi escribio una columna criticando la politica antinarcoticos de Calderon. A la semana siguiente le pidieron la renuncia y Volpi se quejo de que le coartaron la libertad de expresion. Ahora tuitea sobre la existencia (o no) de America Latina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s