Ausencia de ciudad

Pablo (Madrid)

¿Qué es una ciudad cuando deja de haber ciudad? Así empieza el texto que textualmente cito de Marian Ramoneda, seguramente un pseudónimo cualquiera que publicó esto en una columna enclenque de un periódico que tuve que devolver a mi amigo y sin embargo buena persona Javi Márquez, que me dijo que se lo entregó la bella y sin embargo buena persona Ana Merino, que se lo entregó diciendo `te daría el periódico entero pero no sabrías qué hacer con él, aunque dudo que sepas hacer algo con nada de lo que te doy´, y entonces él pensó que se refería a mí.

Las veces que me he ausentado de Madrid viviendo en ella han sido siempre a causa de trabajos concentrados, largos y duros, que me obligaban a aislarme en diferentes burbujas, ya fuera mi cuarto u otro espacio o calles que se convertían en la decoración difuminada del tránsito de un momento de concentración a otro. Esas ausencias, que no solían durar más allá de semanas, las aceptaba y pensaba que equilibraban mi rutina, haciéndome valorar la posterior tranquilidad, cuando ya podía reconocer de nuevo todo aquello que hace a Madrid Madrid. Madrid no es mi ciudad ni nunca lo ha sido, siempre he estado de prestado y así me sentía sin preocuparme demasiado por ello. Sin embargo, en algún momento me perdí en mis libros y me pasé la estación en la que tendría que haber bajado para coger el tren hacia otra ciudad, y ahora esto sigue en marcha sin saber muy bien hacia dónde. Conozco pocas ciudades, y aún menos grandes ciudades, y me pregunto si esto puede llegar a pasar en otro lugar, si el tedio es igual, si la repetición del paisaje a la misma velocidad puede llegar a sacar a uno de tal manera de una ciudad que aprecie más el supermercado que el palacio de la acera de enfrente. Evidentemente esto sólo lo podré averiguar cuando me marche de aquí, creo que pronto, pero no pensé que un hábito pudiera absorberme tanto como para, aun identificándolo y despreciándolo, no saber salir de él. Había visto que algo así sucedía en otros, por lo general ficticios, pensando que jamás me podría ocurrir a mí, jamás en Madrid, con lo que prometía. Y ahora estoy aquí, con mi vida tan interesante como una frase sin predicado, pensando que mañana será otro día y que ya me marcharé. Seguro que algún psicólogo le habrá puesto un nombre extraño a esto pero como es la primera vez que me pasa, no me ha quedado más remedio que escribirlo. Y ya.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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