Maanas, el niño de la India

Cempazúchitl (Guadalajara, México DF, Washington DC)

Durante y después de la Conquista de Mesoamérica, los españoles se dedicaron a violar indias. De esa mezcla traumática descendemos el 99.8% de los mexicanos actuales. Cuando pasaron a Aridoamérica, los españoles se encontraron con indios menos civilizados y, quizá por lo tanto, más salvajes y crueles. Guadalajara, la ciudad de la que vengo,  tuvo que ser fundada en tres lugares distintos antes de su ubicación actual, ya que los indios la atacaban, y eventualmente la destruían, a la menor oportunidad. Ante la imposibilidad de evangelizar a los hombres y de violar a las mujeres, en Aridoamérica los españoles se dedicaron a matar indios. Después, aprovechando los latifundios ganaderos que dejaron los jesuitas, y que son la razón del ecocidio que se vive hoy en toda la región, Benito Juárez y Porfirio Díaz se dedicaron a traer campesinos europeos que pudieran “desarrollar” la zona. Es por eso por lo que el Occidente y el Norte de México son considerablemente más blancos que el resto del país.

Hace unos meses, Guadalajara se puso en estado de alerta porque había una niña pidiendo limosna en uno de los cruceros más transitados del país. La razón no era exactamente ver representada en un ser frágil e inocente la indignidad que representa ganarse la vida pidiendo dinero de coche en coche durante todo el día: niños y niñas pobres se ven por montones en Guadalajara y en todo el país. El problema era que la niña era rubia. Así de blanca es (o se cree) Guadalajara: tuvo que venir una ojiverde para que se diera cuenta, 462 años después de su fundación definitiva, de que la pobreza existe.

El desenlace de la historia sería chusco de no ser trágico: a la mamá, morena con facciones indígenas, le quitaron a la niña porque creyeron que la había robado a una familia decente. Actas de nacimiento notarizadas, pruebas de sangre, y días después, a la señora finalmente le devolvieron a su hija. Al terminar el caso, la buena sociedad, evidentemente y como dictan las buenas costumbres, acusó a la señora de puta por andarse metiendo con un gringo (o alemán, que para el caso todos los extranjeros blancos en México son “gringos”). Si no es por puta, ¿cómo se justificaría que una niña tan bonita saliera de una india prieta y fea como zanate?

A Guadalajara de repente llegó Tata, la multinacional india que vende coches por 2,000 dólares, diseña software, y un montón de cosas más. La compañía compró un edificio en una de las avenidas más importantes del país y empezó a rentar edificios enteros alrededor de sus oficinas para sus empleados, indios todos. Edificios que estaban cayendo en el olvido o estaban siendo rentados para oficinas (la mejor invitación para que los pocos habitantes que van quedando sean presa de robo), de repente se empezaron a poblar de nueva cuenta.   Poca gente lo sabe en Guadalajara, pero los indios vienen a entrenar a los técnicos de computación del dizque “Silicon Valley mexicano” (así le dicen a Guadalajara porque HP tiene una planta ahí).

Uno de esos edificios rehabilitados es en el que vive mi madre. De 8 departamentos, 4 están ocupados por indios, uno por un brujo lector de cartas, otro por un ex taxista alcohólico,  uno por una pareja de novios histéricos, y el último, por mi madre. Cuando estaba allá, fue el cuarto cumpleaños de Maanas, el hijo de una de las parejas. Los indios pidieron permiso para hacer la fiesta en la cochera del edificio. Al inicio, nadie quería dejarlos hacer la fiesta: son extranjeros, feos, y prietos de una forma diferente a “nuestros” indios. Eventualmente, la gente aceptó de malas. Maanas tuvo su fiesta, la casa se llenó de extranjeros, quizá por única vez en toda su existencia pasada y futura, y ya.

Mientras estuve en Guadalajara oí diferentes opiniones sobre los indios. Todas tenían algo de racismo, pero también algo de azoramiento y curiosidad: ¿quiénes son estos indios (la gente les dice hindúes, error muy común) que son morenos pero son diferentes a nuestro tono de piel? ¿A qué vienen y por qué están en todos lados, incluídos los baños públicos? ¿Por qué compran tanto arroz y huele tan feo lo que cocinan? El racismo de Guadalajara todavía no es (y espero que no lo sea por mucho tiempo) el de los estereotipos que  prevalecen en Estados Unidos y en Europa. Guadalajara, la ciudad que tuvo que aprender a matar a los no blancos para poder sobrevivir, poco a poco va descubriendo la diversidad…

Una impresión totalmente diferente tuve en el D.F., ciudad que ya lleva unos cuantos siglos abriéndose al Mundo. Con los nuevos cambios a la ley migratoria, un montón de extranjeros van a tener que salir a renovar su visa de trabajo. Muchos, los que no comprueben que su trabajo no puede ser llevado a cabo un mexicano, no podrán volver como migrantes. Los comentarios que oí fueron de aprobación a la reforma y justificados en el exceso de meseros, camareros, baristas, y recepcionistas de hotel argentinos y venezolanos. Al parecer, dichos personajes son, de manera general, insufribles.  No tengo elementos para juzgar: nunca he ido a Cancún, y cuando he comido en el D.F. no me han atendido argentinos, pero reconozcamos que es una exageración decir que TODOS los argentinos y TODOS los venezolanos son insufribles.

Los inmigrantes son como el canario en la mina: llegan donde empieza a haber oportunidades económicas y son los primeros en irse cuando se terminan. La llegada de los indios a Guadalajara y de los sudamericanos a Cancún debería ser vista con alegría, como una muestra de que, a pesar de todo, el país no está cayéndose a pedazos como el lopezobradorismo cree y le conviene que sea.

Los cambios en la ley migratoria están basados en la expectativa, compartida por el gobierno mexicano, por los mercados internacionales, y el que suscribe, de que se vienen años de vacas gordas para México. Y las vacas flacas en España y Europa van a durar por lo menos 5 años más. Desde un punto de vista de política de Estado, este es el momento adecuado para apretar la ley migratoria: sacar a los inmigrantes poco calificados y que vengan los científicos, ingenieros, etcétera.

Por otro lado, desde un punto de vista personal, me parece, en general, que es una pena que un país como México, que durante 50 años ha recibido ingresos considerables de los inmigrantes, y que conoce como ninguno la discriminación que sufre la gente que se va de su país, tenga actitudes racistas de la índole que sea. Si hay un país que debería tener una posición de apertura a la inmigración es México.

Pero esa es la disyuntiva entre la ética personal y la ética de Estado. Un mejor ejemplo,  más emocionante, y aplicado, es el caso de Valéry Giscard d’Estaing y su posición respecto al aborto…

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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