Keep smiling

Aletz (Cholula)

A Todd lo conocí en mi primer año de la universidad. Daba un curso de literatura chicana, vestía siempre con pantalones de mezclilla, sandalias y camisa a cuadros, muchas con hoyos en el sobaco. No me gustaban los cuentos de chicanos, la cultura de barrio y la imitación que hacían de García Márquez. Hubiera reprobado si no hubiera sido por las historias de cómo Todd había ido en su búsqueda, la relación de amistad que trabó con ellos y la publicación de sus libros. Desde entonces soñé con lo mismo, hacer un viaje de investigación a la caza de la literatura viva.

Tomé la clase de Todd con una compañera de la carrera, un año mayor que yo. Era la primera persona con la cual podía hablar de libros, tenía el cabello negro azulino y las mejillas pecosas. Discutíamos siempre en clase, éramos casi los únicos en hacerlo, y cuestionábamos a Todd a quien le fascinaba ser cuestionado. Nos sentábamos juntos en el salón y, al despedirnos, yo me quedaba siempre con ganas de invitarla a hacer algo. Me enamoré de ella. Se lo dije a finales del semestre, en los jardines de la universidad. Desde la secundaria que no le había dicho a una chica que me gustaba. Me pidió tiempo para pensarlo, después evitó el tema y yo tampoco volví a insistir.

Escribí tres borradores para el ensayo final de esa clase. Le pedí a una compañera gringa asesoría para revisar mi inglés. Nos vimos dos veces en la cafetería de la universidad, leímos mi ensayo frase por frase. Todd me dio la mejor nota.

Al año siguiente solicité un intercambio con una universidad inglesa. Todd me escribió una carta de recomendación, uno de sus párrafos terminaba diciendo, Superb! Usé esa carta para todas las becas, la Maestría, el Doctorado y algunos trabajos. Obtuve casi todo, a veces después de solicitarlo dos o tres veces. Cuando me fui al extranjero, le escribía a Todd una vez al año, por lo general en Navidad, le contaba un poco cómo iba la vida, exageraba lo del frío y le preguntaba por la universidad y por Citlali. Todd escribía muy poco, casi siempre terminaba sus mensajes con un, Keep smiling.

Este año terminé mis estudios, regresé a Cholula y solicité trabajo en varias universidades. Fue un proceso lento y laborioso, más de medio año sin hacer otra cosa que llenar formularios, escribir proyectos y esperar. Fui a ver a Todd a su casa, estaba ya jubilado, su relación con la universidad había terminado mal y no hablaba de otra cosa, había incluso impreso unas camisetas con el escudo de la universidad de cabeza. Me regaló una y me preguntó si necesitaba cartas de recomendación. No necesitaba, aún así imprimimos tres con unas hojas membretadas que logró rescatar de su oficina. Lo dejé en su casa de buen ánimo. Quedamos de vernos de nuevo en el Starbucks de Cholula, y lo resto es historia.

Este mes obtuve el trabajo que estaba buscando. Empiezan para mí los proyectos, en el momento en el que se acaban los de Todd. De los seis traductores que teníamos planeados para su libro, sólo uno entregó su cuento. Yo voy a la mitad del prólogo, es un prólogo largo de cuarenta hojas, con suerte podré regresar a él en el verano, antes tengo que preparar tres clases, escribir artículos y enviar más solicitudes. Todd ya no se preocupa, lo toma todo con resignación, lo único que me pide es que vaya a verlo. Pero también esto es difícil.

Lo vi la última vez el 25 de diciembre. Tomamos un café en los portales de Cholula (el Starbucks estaba cerrado por renovación), le di un pastel de frutas, regalo de Navidad, y hablamos del clima, los cambios de Cholula y lo bello que son los portales. Nos despedimos en la parada donde tomé el camión a Puebla. Le dije que intentaría verlo en una o dos semanas, todo dependía de los horarios del trabajo. Todd me deseó mucha suerte, a sabiendas que mis horarios se pondrán cada vez más difíciles, y yo le dije:

“Keep smiling.”

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Keep smiling

  1. Verga. Yo quedé de mandarle mi traducción y se me fue el pedo por completo.
    Por cierto, te compré sus libros en una de esas librerías de usado. Fue un hallazgo afortunado.
    Cuando pase por Cholula te los doy.
    Abrazo.

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