Aula 211, Seminario 30

Pablo (Madrid)

Resulta paradójico y encantador que en la Ciudad Universitaria de Madrid, al noroeste de la ciudad, las facultades de Derecho y de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense se encuentren una frente a la otra, encarándose en un duelo perpetuo entre el orden y el caos. Dejando a un lado la de Derecho, que prácticamente desconozco, el edificio de Filosofía y Letras es un amasijo de ladrillo y ventanas decorado con pintadas anarquistas y comunistas, llamadas a la huelga, la movilización y contra el capitalismo.

Nunca he sido alumno de la Complutense, pero ese edificio lo he visitado tantas veces que lo he llegado a parecer. Sin embargo, sólo he visitado dos aulas, sólo he asistido, siempre como oyente deleitado, a una sola asignatura, impartida por un solo profesor, cuyas clases he visto repetidas con la sucesión de los años bajo la promesa del regreso al año siguiente. Y siempre lo he hecho, salvo este año, que lo incumpliré, sin remedio y con un gran dolor de conciencia, por motivos de trabajo.

Entre el seminario 30 y el aula 211 he pasado incontables horas de conocimiento sin reconocimiento, pues a nivel burocrático allí dentro no era más que un fantasma. La mayor parte fueron rozando la entrada de la noche, y escuchando palabras que me iban alimentando como a un animal.

La primera vez que fui, llegué sin saber casi para qué iba o qué me iba a encontrar y salí arrasado por un torbellino de algo que me costó tiempo discernir, pues lo único que me importaba, era repetirlo, y así lo he ido haciendo estos años, disfrutando del aprendizaje por el aprendizaje y de los posteriores cigarros frente a la entrada, con el profesor, al que ya conocía antes de ir por primera vez, hablando de cualquier cosa menos de la clase que acababa de dar, y que acababa resultando tan importante en su insignificancia como la propia clase.

Este año ni siquiera sé si esa clase seguirá impartiéndose en las mismas aulas y cada vez más, dadas las circunstancias de la Facultad, me pregunto si en años sucesivos se seguirá impartiendo. Así que escribo para no olvidarlo y para tratar de escaparme las más veces que pueda, aunque no será fácil. Entre tanto, iré recopilando apuntes pasados y rememorando de vez en cuando la asignatura, porque me hace tanta falta como a la ciudad la lluvia que extingue su contaminación. Aunque sin esas aulas ni ese profesor, no será lo mismo.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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