Buenas personas

Aletz (Cholula)

Todd enciende su chimenea todas las tardes. En Cholula, ya sea en verano o en invierno, las tardes son más o menos templadas y de lluvia. Pero nadie que yo conozca enciende su chimenea, yo no sabía cómo hacerlo hasta que Todd se enfermó y tuve que aprender. Recuerdo que lo dejé en su casa con el fuego crujiendo y el olor a ocote y madera quemada, imaginé al salir que yo en su lugar podría tomar un libro, sentarme en el sillón de la sala y beber algo caliente mientras leía. Me dio envidia.   Mi soledad nunca es tan interesante, es más bien deprimente y vulgar. Tan vulgar que a veces veo el Facebook y luego mi correo electrónico y luego regreso al Facebook. Es una soledad sin chimenea.

Aún así, es Todd quien siempre me habla por teléfono, me habla hasta tres veces al día. Y después me escribe un correo electrónico. No sé qué voy hacer cuando en realidad tenga algo importante qué hacer, ahora, por lo pronto, le respondo, quedamos un día para comer o tomar un café o ambas cosas y ya está.

“Tengo algo verdaderamente importante qué decirte, Alex. Necesitamos vernos,” o “¿Tienes un par de horas para mí?” o “Estoy en Starbucks, ¿dónde estás tú?”

Todd siempre paga la comida y el café, es algo que di por sentado desde la primera vez y no creo que vaya a cambiar en un rato, al menos hasta que tenga un trabajo más estable. Para empezar él es que me habla por teléfono, en segunda, él fue mi profesor y al profesor nunca se le compra nada porque parece soborno, y en tercera, como ya dije, estoy sin trabajo. No hay manera de que yo pague, sólo cuando llegamos a ir a un restaurante más o menos caro, y tengo un poco de dinero, me siento con ganas de invitarle el café de la sobremesa. Ese detalle, por cierto, lo puso rojo de alegría la primera vez que lo hice. Y de ahí en adelante, cada té helado de treinta pesos que le invito (Todd no toma café) le saca una sonrisa de oreja a oreja. Intuí que no mucha gente hacía lo mismo. El otro día me enteré que es peor que eso.

Hace unos meses descubrimos un nuevo restaurante, se llama Amstel y casi siempre está vacío, pero la comida es excelente y tiene la mejor vista a la pirámide. Es algo en verdad inexplicable que esté vacío, Todd no lo entiende ni el chef, que es un español de las islas Canarias que esta última vez se sentó con nosotros a la mesa para vernos comer. El menú es caro, pero hasta al agua de guayaba le agrega un poco de canela para que sepa distinto, a todo le agrega algo y todo le sale bien. Fuimos ayer a Amstel, pedimos la comida y Todd me contó entonces que un amigo suyo se levantó de la mesa y se fue, cuando le sugirió que cada uno pagara su parte de la comida. Lo dejó a Todd sentado en una mesa con dos platos, y ahora que lo pienso, el chef de Canarias debió haber temido que yo también me fuera y por eso se sentó con nosotros, y ahora que lo pienso aún más, creo que los problemas económicos de Todd son en realidad una farsa, su manera de saber quién lo aprecia aunque sea un poco. El hombre vive solo, no tiene hijos, no tiene familia, tiene dos jubilaciones, una en México y otra en Estados Unidos, es ilógico que no pueda pagar una comida, no, lo del dinero es algo más.

Comimos en un restaurante vacío con el chef viéndonos comer, el chef nos contó un poco de su vida y de sus proyectos de abrir una cervecería en la azotea de su restaurante. Es buen tipo, no se ha desesperado después de un par de meses sin clientes, como tampoco lo ha hecho Todd a quien no le van a invitar una comida en años, ni yo que le seguiré respondiendo sus llamadas dos o tres veces por semana. Nos consuela la maravillosa vista de la pirámide, el fuego en la chimenea cada tarde, el hecho de pensar que hay gente tan mezquina como para levantarse de la mesa en el momento en que le piden pagar su parte de la cuenta. En realidad somos muy buenas personas, no entiendo por qué debemos pasar tantas tardes solos.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Cholula, Montreal. Guarda el enlace permanente.

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