Publish or perish

Aletz (Cholula)

Poco a poco he encontrado cosas que hacer, leer en mi casa, caminar y parar en un café, o caminar y parar en un bar, o caminar y no parar en ningún lado. Son mis nuevos hábitos y Todd está interviniendo de más en ellos, me habla tres veces por semana, me invita a comer, a tomar un café y con su reciente operación, siento mal en no responderle o decirle que no.

En el Starbucks la conversación sigue el mismo patrón que nuestras bebidas, yo siempre pido capuchino y él, té helado. Todo bien, todo perfecto, le digo yo cuando pregunta de mi vida, y a mis preguntas sobre la suya él responde, excelente, sencillamente excelente. Después no hay más, historias que le he escuchado cien veces, preguntas sobre las mismas personas que yo sé que lo evitan y de las cuales él dice, pobres, no tienen vida.

Claro que también ha habido momentos como el de la otra tarde hablando de Faulkner. Todd me contó que había querido leer El sonido y la furia tres veces y no lograba terminar el primer capítulo, hasta que lo leyó a la inversa. A la inversa se entiende perfecto. Otra vez me llevó su libreta de apuntes de la Maestría, que estudió en los años sesenta en Texas. Tenía pegada en la primera página un plan de estudios de no menos de cuarenta páginas, la clase era sobre el mismo Faulkner.

“En esa clase empezamos veinte alumnos,” me contó Todd. “Después de que el profesor nos dio este syllabus, regresamos cinco. Perfecto, nos dijo, ahora sí les digo lo que vamos a leer.”

En otra ocasión me llevó una carpeta donde guardaba cada una de sus cartas de rechazo rechazo de editoriales, revistas y universidades, y las respuestas que él había escrito. Una editorial tardó un año en enviarle su negativa, en ella se decía que era muy bueno el libro, que muy interesante pero que very sorry.

“Vamos a regresarle su manuscrito de manera inmediata,” terminaba la carta, y la de Todd empezaba:

“Tomando en cuenta su noción del tiempo, espero que la devolución de mi manuscrito ‘de manera inmediata’ no demore otro año.”

Cuando finalmente aceptaron su primer libro sobre chicanos, Todd tenía planeado un viaje a Inglaterra para hacer una investigación sobre algo del siglo XVIII. Iba a Oxford y, además de presumirlo, lo usó como argumento para acelerar la publicación de su libro.

“Quiero dejarlo todo terminado. Por favor, si sale el libro en el siguiente mes, puedo irme tranquilo a Oxford a realizar mi investigación. Por favor, mándenmelo cuando lo tengan ya listo.”

La portada de su libro Chicanos la tiene enmarcada en su estudio, junto con la de sus otros libros. Publish or perish, eso le enseñaron y con eso ha vivido toda su vida. Cuando pudo hablar, a los dos días de la operación, me llamó por teléfono para decirme que quería traducir su último libro al español. Le respondí que estaba perfecto, lo ayudaría a encontrar alguien, le hablaría a un amigo editor, haría todo lo posible.

Tengo un amigo editor que trabaja para el gobierno. El gobierno tiene sus mañas, y en este caso resultó que podían traducir el libro entero al español sin cobro alguno. La traductora recibe un salario de tiempo completo, algo así como una beca que le otorga una oficina de algo, y apenas ha traducido dos o tres cuentos en todo un año, ella quiere traducir más, pero no le llega nada. Problema resuelto.

En el Starbucks esperé mi capuchino para darle la sorpresa a Todd. No entendió y luego no quiso entender, no quiso saber por qué querían traducir su libro de gratis y tampoco entendió que, una vez traducido, podíamos enviarlo a editoriales. Tampoco entendió que sería más fácil publicarlo con un solo traductor, un estilo homogéneo en todo el libro, que con veinte y tantos traductores distintos.

“Lo voy a pensar,” me dijo, cuando en realidad ya lo había decidido. Por primera vez en su vida ya no le importa publicar, ahora lo que en realidad quiere es que sus alumnos, a quienes él ha ido espantando porque les habla tres o cuatro veces por semana, vuelvan con él aunque sea un momento. De hecho ya hizo una lista de los veinticinco cuentos y sus posibles traductores. La última vez que lo vi tenía dos traductores y estaba exultante de alegría, así que le propuse otros dos y yo creo que la próxima vez que nos veamos en Starbucks va a decirme que su vida es excelente, sencillamente excelente y por primera vez en mucho tiempo, puede que sea verdad.

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Cholula, Montreal. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Publish or perish

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s