El pulso de Cholula

Aletz (Cholula)

Cada pueblo tiene su ritmo, cada gente su música. A mí nunca me ha gustado ni me gustará jamás el ritmo del mío, es monótono, invasivo, estridente, es casi un aullido en diapasón que hace retumbar las ventanas y añorar en cada golpe el silencio. Salvo en los momentos en los que se está dentro de él, entre parejas bailando al mismo paso, rodeando la cintura de una joven morena, de ojos oblicuos y cuerpo chiquito y delgado, entonces es distinto. Esos cuerpos, cuando caminan a mitad de la calle, bajo la lluvia, sosteniendo su paraguas, pareciera que fueran a salir volando, y cuando están en su ritmo, con su música, entonces vuelan todos.

Los Dones de Cholula y sus señoras, los chavos, los cholos, las morras, las chavitas, niños y niñas, cuando se enciende el Sonido Furia, o suben al escenario los Ángeles Azules, paso a paso, al mismo compás, con los giros precisos, llenan la calle. En mi pueblo las fiestas son en la calle, se cierran con muros de bocinas en cada lado, se sacan mesas, sillas, y el que no está invitado se chinga, y el que no quiere salir de su casa, también.

Yo me chingué varias veces, luego abandoné mi casa en las noches de fiesta, pedí asilo con mis padres o con amigos. Hasta que me invitaron. De hecho, ahora que lo recuerdo, no lo hicieron, me colé con unos amigos. Era una boda y entramos al cerco de bocinas saludando a diestra y siniestra. Nos sentaron en una mesa, nos trajeron una botella de ron, y ya tomados, le echamos porras a los casados y, en el momento menos previsto, bailamos. Eso es lo que más recuerdo, cuando dejé de ser un colado y la persona a quien no invitaban a las fiestas para ser uno más en el baile.

Tomé a mi pareja de la cintura, la otra mano en la suya, palma con palma, bajé la mirada para seguir sus pasos, y cuando la subí ella me sonreía. Tenía su ritmo. Entonces retumbaron las bocinas y en cada golpe daba un paso que es como una patadita, un quítate d’ahí y un vente pa’cá. La cintura apenas y se mueve,  lo sugerido es lo que cuenta. Los hombros de ella juegan con el ritmo y los de él fijos, cabrón. Si son pareja, los brazos se cruzan detrás de la espalda de ella y los de ella en el cuello de él. Los amigos guardan distancia, y los que ya no quieren serlo se van arrejuntando de a poquito. Las parejas que ya lo son de años se arriman y se alejan, se miran, se besan y cuando termina el baile saben que habrá otro. Los invitados, todos, aplauden cuando termina la noche.

Soy un extranjero y soy una persona privilegiada para la gente de este pueblo. Por eso tuve que colarme a una de sus bodas, echar porras a los casados y bajar dos vasos de ron, antes de bailar con su gente. Ahora puedo decir que el Grupo Brindis y el Liberación, los Intocables y la Diosa de la Cumbia, me acercaron como ningún otro a Cholula, me dieron su ritmo y su música.

 

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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