Pessoa en Cholula

Aletz (Cholula)

Me gustaría recitar poemas, pero no cualquier poema, los de Pessoa, especialmente el Guardador de Rebaños y las odas de Ricardo Reis. Lo he intentado dos veces, pero no se me quedan grabados. Los puedo decir durante una o dos semanas, pero pasa un mes y ya volaron. Tampoco es que recite mucho o que se los haya recitado a alguien. De hecho, no he recitado nunca nada a nadie. Me imagino que será algo parecido a saber tocar un instrumento, aprender una partitura y tocarla ante un grupo. Por eso nunca lo he hecho.

Daniel recitaba los poemas de Pessoa. Una noche recitó todo el Guardador de rebaños. Habrá empezado a las dos o tres de la madrugada, yo estaba dormido en el piso de arriba así que no sé con precisión a qué hora empezó. Daniel se acompañaba con música, en esa ocasión algo barroco, Bach por ejemplo. La música fue lo que me despertó a mí y a mi compañero de piso, el Nicaragua. Bajamos para mentar madres, pero al final nos sentamos en su sofá, yo tomé una cerveza y el Nicaragua otra. Nos ganó Pessoa.

Daniel estudiaba literatura y antes de él yo no había conocido a nadie que recitara poemas. En las fiestas, en la cruda, en las comidas, en la madrugada, lo hacía a todas horas y siempre a Pessoa. Pessoa se convirtió en el momento de dejar de hacer lo que estuviéramos haciendo y escuchar. Adoptamos su ritmo, su acercamiento a las cosas, su necesidad de ver lo que está ahí en frente y sentarse a verlo pasar. Y de manera extraña Cholula se fue convirtiendo poco a poco en lo que verdaderamente era, Lisboa. Sentarse en el cerrito y ver pasar las nubes sobre los volcanes, sentarse en las fondas y pensar que estamos pensando. La vidriería al cruzar la calle en Xicotenco, con sus pedazos de vidrio cromado, opalino, aislante, vidrio de ventanales donde mirar el mundo, de vitrales donde mirar al cielo.

Daniel era del norte y cuando terminó su carrera dejó Cholula. Yo también me fui, me he ido tres veces, pero en las tres he regresado. Ahora conseguí un trabajo en la universidad y entre clase y clase me voy a los jardines con un libro de Pessoa. Más que memorizar los poemas me acuerdo de las veces que los escuché recitados por Daniel, la madrugada en la que nos despertó a mí y al Nicaragua, la vez que enmarcó una oda de Ricardo Reis y la recitó como regalo de bodas a dos amigos, las veces en los cafés, los bares y las fondas. Y así como Cholula se fue convirtiendo en Lisboa, Daniel se ha ido convirtiendo en lo que verdaderamente fue, Pessoa.

 

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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