El hueco

Guille (Paris)

Carlos Soto era un hombre común. Más bien bajo, morocho. Vivía en la ciudad y trabajaba en una fábrica. Pero un día sintió que el aire entraba en su pecho. Se palpó y hundió su mano hasta la muñeca.
Corrió hacia el espejo y miró. Un oscuro hueco se le había abierto desde el cuello hasta el vientre. No había sangre, no se observaban las vísceras. Pidió cita para un médico con carácter de urgencia.
Mientras iba hacia el hospital pensó que estaba bien, no sentía ningún dolor.
El médico lo hizo sentar en la camilla y preguntó qué le pasaba. Respondió abriéndose la camisa. El profesional dio un paso atrás. Luego, disimulando su sorpresa, preguntó a Carlos si le dolía y fue hundiendo de a poco las manos haciendo la misma pregunta y obteniendo siempre la misma respuesta negativa. Llamó a otros colegas del hospital para mostrarles el caso.
Vinieron médicos, enfermeras y hasta algunos pacientes a verlo.
Alguien sugirió la idea de introducir una vara. La hundieron hasta la mitad, y como Carlos no registrara ningún dolor, lo hicieron totalmente. Al soltarla se esfumó.
En poco tiempo el caso fue conocido en todo el mundo. En la televisión, en los diarios, en la calle, no se hablaba de otra cosa.
Carlos se había trasformado en una celebridad.
Científicos estadounidenses propusieron medir la profundidad del agujero. Crearon un extenso tubo que podía desplegarse bastamente. Pasaron los dos primeros metros, luego el kilómetro y se detuvieron al llegar a trescientos. Hicieron más y más experimentos. Se planeó una visita humana al interior del agujero.
Poco antes de la fecha en que iba a realizarse, Carlos, que se había preparado tanto para aquel acontecimiento, desapareció.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en París. Guarda el enlace permanente.

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