Rabat

De vuelta a Rabat. Profesionalmente, la misión fue un fracaso. El gobierno canceló las reuniones en el último minuto y en las únicas dos que tuvimos nos trataron muy mal (nuestras contrapartes pasaron los 45 minutos mirando fijamente a su reloj de pulsera). Para ponerlo en correcto español: nos mandaron a la chingada. Ni modo. Así es este negocio del abarrote: a veces te tocan puras habas, y a veces puro garrote.

Pasé la mayor parte del tiempo en el hotel, que por suerte está ubicado en el centro de la ciudad, tiene un café que da a la calle, y es pequeño, por lo que los camareros nos conocen. Pude ver Rabat a través de una ventana, que siempre es mejor que hacerlo a través de un ministerio. Me gustó la forma en la que cae la luz del sol sobre la ciudad, muy parecida a la de México (la luz del sol en lugares como el norte de España, Francia, o Estados Unidos es muy pálida).

Y en general, además de adelantar trabajo pendiente y correr regresiones, pasé la mayor parte de mi tiempo platicando con el gerente del hotel. Como dije, el hotel es pequeño y es en el que siempre se queda la gente de la organización en la que trabajo, con lo que ya somos prácticamente de la familia.

El gerente en cuestión es, evidentemente marroquí. Empecé a hablar con gente del Maghreb  en 2003, la primera vez que salí de México. Desde entonces, las conversaciones con la mayoría de ellos son circulares y terminan invariablemente en uno de los siguientes tres tópicos: a) alguna forma de “cosificación” o referencias a violencia sexual contra las mujeres, acompañadas de justificaciones de por qué las musulmanas no se deben vestir como occidentales (el mensaje implícito es “las occidentales son nuestras putas y las musulamans nuestras esposas”) ; b) la influencia de Occidente como elemento corruptor de las sociedades tradicionales (el enemigo de moda de esta temporada son los bonbons sauvages, aparentemente un comprimido legal cuyo abuso hace que la gente se ponga más violenta quecon la cocaína); c) la hipocresía de Occidente en términos generales -una repetición de los pseudo-argumentos y peroratas de websites como rebelion.org y similares.

Hace 9 años, me parecía interesante, una forma alternativa de ver el mundo, interculturalismo, etcétera. Ahora, como ya lo dije, me aburre. Es muy fácil decir que hay algo en la cultura arabo-musulmana que no permite que se dé un salto a la modernidad; las explicaciones institucionales también sobran. En realidad, el por qué del decalage sociocultural entre el islam y el resto del mundo está inexplicado.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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