Yo soy la verdadera 132

Aletz (Puebla)

Lo extraño fue que, entre todo lo posible, la ensalada fuera la causante del mal de estómago, al extremo de tener que dejar la protesta en su momento climático para ir a encerrarse al baño. La primera descarga fue bastante maciza y creyó que estaba curada. Sintió los gritos de “asesino,” “televiso” y “Salinas,” como un bálsamo en las tripas, un pepto bismol que le diera consistencia al caldo virulento que desbordaba sus tripas. “Sal, sal, sal” gritaban afuera y se concentraba ella desde su cabina, cuando de pronto escuchó un golpe en la puerta, una estampida de pasos, empujones y gritos. Entre tanto barullo logró sacar algo en claro: el candidato se ocultaba en los baños.

Su primera reacción fue subir las piernas. Le sirvió porque al instante un guarura revisó una a una, asomándose desde el piso, todas las cabinas. Encaramada en el retrete mejoró la audición y pudo escuchar entonces que el equipo del candidato hacía las llamadas: a Televisa para asegurarse de que nada de esto saliera; al Partido para poner en duda si debían aplicar la “mínima violación a los derechos humanos”; y, por último, a las autoridades de la Ibero para amenazarlos que si no les daban una salida se los iba a llevar la chingada. Y los de la Ibero sabían, como todo mexicano, que la chingada en su génesis y sus más perfectas expresiones ha sido siempre priísta.

El terror le aflojó las tripas. Pudo más su instinto de limpieza que su miedo y, confiando en que no cesaran los gritos, se bajó los pantalones, se sentó en la taza que tenía bajo los pies y salió el caldo virulento entre retortijones y bajos que terminaban en silbidos. Si me agarran que se llenen las manos de mierda, pensó ella. Pero los del equipo no la escucharon entre los gritos de protesta, las llamadas telefónicas y los razonamientos del candidato.

“Ya está,” gritó alguien.

Sí, pensó ella, ya salió. De nuevo el retumbar de la puerta, el estallido de los gritos de protesta, el último timbre de un celular y un pedo de despedida.

Nota: El movimiento de protesta “Yo soy 132” tuvo su origen en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México el mes pasado. A la Ibero fue el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, dio su discurso, defendió la represión y la violación de derechos Humanos durante su gubernatura con el eufemismo de “mano dura” y, al salir, la protesta fue tal que tuvo que esconderse durante diez minutos en el baño. Este hecho bochornoso, más aún para el antiguo régimen dictatorial acostumbrado al besamanos y al papá gobierno, quiso ser silenciado por medio de la calumnia y la descalificación. Para ello el PRI contó con la ayuda de sus grandes aliadas: las televisoras. Esta vez, sin embargo, les salió el tiro por la culata. Usando por primera vez  el internet como herramienta de respuesta, los estudiantes que fueron calificados de “porros” (grupos de revoltosos), seudo estudiantes y terroristas, grabaron un video en el que 131 de ellos daban su nombre, su número de credencial y probaban de esa manera que eran, ¡terror!, estudiantes informados. Ese video encendió la alarma sobre un hecho al que los mexicanos nos habíamos resignado y que en el mejor de los casos justificábamos con el ejemplo de Italia: ¡si la complicidad entre el gobierno y las televisoras pasa en Europa, qué no pase aquí! Pero en este país tenemos al PRI (antigua dictadura perfecta) y a Televisa (la cadena más grande y poderosa en el mundo hispano) en una complicidad verdaderamente macabra. Dos monstruos que pueden hacer de cualquier hijo de vecino que se oponga a sus intereses, un asesino en potencia, un pedófilo y adorador del diablo; y de una protesta de estudiantes informados e indignados, una campaña terrorista para desmoronar a las Instituciones. Ellos tienen las armas de gran calibre, pero los ciudadanos, por primera vez en la historia, tenemos el internet.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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