Respete nuestro opio

Pablo (Madrid)

No hacía falta que estuviera, no tenía que ir, tenía que haberse quedado en su casa. Más allá de la nula conveniencia de irse a ver un partido de fútbol tras la rueda de prensa más esperpéntica y falaz de la historia de las ruedas de prensa de España, donde presentaba el rescate de los bancos como un logro cuando es una catástrofe, nuestro mediocre e ignorante presidente del gobierno no debía ir seis horas más tarde a Polonia a ver el partido de fútbol de nuestra selección contra Italia en la Eurocopa. Además de ser una falta de respeto y de tacto hacia esos que se supone que representa, los ciudadanos españoles, votantes suyos o no, tras engañarnos vilmente por enésima vez, no tenía que ir a ver el partido porque estamos hartos de verle. Y porque mucho menos queremos verle en el único sitio que además de conservarse como fiable templo de ilusión en estos tiempos, es donde el olvido momentáneo es felicidad.

El fútbol es un deporte de pobres que gusta mucho a los ricos, es un deporte donde las reglas del juego son sencillas y hasta el más tonto entre los tontos puede entenderlo. En el fútbol se ve cuándo hay justicia y cuándo no, quién juega mejor y quién no. Las valoraciones subjetivas no suelen diferir en extremo de unos comentaristas a otros, de unos colores a otros, el marco está bien definido y los jugadores lo respetan casi siempre. A diferencia de la economía o la política el gol vale 1 y quien meta más de esos gana. No hay tecnicismos ni conceptos complejos, no hay sensación de vulnerabilidad por la ignorancia, pues es difícil que la haya. El fútbol es algo que entiende desde un premio Nobel hasta un analfabeto, y emociona, y aunque se pierda, emociona para bien, pues salvo los cafres exaltados que lo usan de excusa para destrozar sillas y marquesinas, aún la derrota acentúa un sentimiento vivo y generalmente trascendente.

Y España sigue jugando como los ángeles, siguen siendo los que más bonito combinan, y lo sabemos, y también sabemos que la alegría que nos pueda dar nuestra selección no es nada en comparación con los sufrimientos que se nos vienen encima, porque sabemos qué es lo importante, que un gol no arregla nada y que el disfrutar de algo de fútbol no te convierte por ende en un descerebrado; y también sabemos quién era Marx y que esto por suerte ya no es el siglo XIX. Queremos nuestras dos horas cada cuatro días durante tres semanas de olvido, y eso no significa que seamos unos despreocupados de los asuntos públicos y que no nos importen, pero hasta la angustia y la indignación tienen un límite y debe calmarse, y esos 11 chicos siguen jugando como los ángeles, ganen o no. Así que lo último que necesitamos es que nuestro mísero presidente muestre su cara de imbécil por la televisión en el único reducto que nos queda en estos tiempos difíciles. Déjenos en paz, que ya iremos a por usted cuando termine el partido, porque por desgracia, no le podremos olvidar.

 P.D.: El azar, en su máscara de humor negro, quiso que se juntaran en un mismo grupo España, Italia e Irlanda, sólo faltó Grecia, pero el azar nunca entendió de carcajadas.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Respete nuestro opio

  1. Es una pena que sólo haya quedado la parte jacobina de la famosa frase marxista del opio. Se le descontextualizó completamente. Aquí va el párrafo completo:
    “The foundation of irreligious criticism is: Man makes religion, religion does not make man. Religion is, indeed, the self-consciousness and self-esteem of man who has either not yet won through to himself, or has already lost himself again. But man is no abstract being squatting outside the world. Man is the world of man – state, society. This state and this society produce religion, which is an inverted consciousness of the world, because they are an inverted world. Religion is the general theory of this world, its encyclopaedic compendium, its logic in popular form, its spiritual point d’honneur, its enthusiasm, its moral sanction, its solemn complement, and its universal basis of consolation and justification. It is the fantastic realization of the human essence since the human essence has not acquired any true reality. The struggle against religion is, therefore, indirectly the struggle against that world whose spiritual aroma is religion.
    Religious suffering is, at one and the same time, the expression of real suffering and a protest against real suffering. Religion is the sigh of the oppressed creature, the heart of a heartless world, and the soul of soulless conditions. It is the opium of the people.”

    …”the sigh of the oppressed creature, the heart of a heartles world, and the soul of soulless conditions.”

  2. Aletz dijo:

    El deporte es lo más parecido que tenemos a la épica. ¿Qué hacía ahí el flautista de Hamelin? Triste imagen…

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