No hay rescate

Pablo (Madrid)

Hoy me he enterado de que una de las mentes jóvenes más brillantes del país, con la que tuve una relación muy estrecha durante cuatro años, se queda en Alemania, a donde había ido a hacer en principio una pequeña investigación de sólo dos meses para su doctorado. La última vez que nos vimos, cuando me habló de su partida, vaticiné que de allí no se movería. Ella no querrá volver, pero empiezo a dudar de que nadie, salvo sus padres, haya ido o vaya a ir a por ella.

España ahora mismo es una sombra agigantada de lo que un día fue y se juró no recuperar. La visión de los fantasmas de abuelos y bisabuelos se aproxima hacia nosotros rauda y en lo único en lo que hemos mejorado, tecnologías aparte, es en la manera de engañarnos para hacernos creer que eso no sucede. España es un arcaísmo, un atavismo de las miserias de una época que en teoría no debía volver. Hace poco leí un artículo de junio de 1931, de uno de los periódicos más importantes, el ABC, donde se hacía una profunda defensa del analfabetismo, descalificando a aquellos que pretendían que la gente supiera leer y escribir.

Tras la muerte de Franco, pensamos que nos curaríamos de nosotros mismos como sociedad y llegó a parecer que lo hacíamos, hasta que se nos fue de las manos y no tuvimos otra opción que desnudarnos y encontrarnos con el reflejo acomodado y hortera del despotismo ilustrado, el caciquismo, las repúblicas quebradas y el elogio de la ignorancia. En España la gente es ha reelegido en el último año con sus votos a los tres presidentes regionales, de partidos distintos, que más dinero público han robado en ese tiempo, pues siempre los malos, son los otros.

Y luego está la otra guerra, la europea, la de habernos creído europeos y elegantes y refinados, la de haber pensado que por tener un dinero que no teníamos podíamos hacer pasar nuestra camisa de flores azul turquesa y nuestro esto es así, que lo digo yo que tengo un amigo que, tranquilo que ya se arreglará, como el colmo del savoir faire, en todos los aspectos, pero lo de ser nuevos ricos nunca se nos dio bien. Entre todos la matamos y ella sola se murió. Ahora vendrán los alemanes, Bruselas, el FMI, los tecnócratas etc. para ponernos el espejo delante, romperlo en nuestra cara y susurrarnos que lo único digno que nos queda es el deporte, pero ya perderemos. Quizá vengan y se queden a controlar nuestras finanzas y a ahogarnos a recortes de derechos y subidas de impuestos, o quizá no, quizá les conviene sólo tenernos cogidos del cuello mirando al precipicio, eso sólo ellos lo sabrán, pero pase lo que pase, salgamos del euro o no, nos intervengan o no, quebremos y nos muramos del susto o no, jamás nadie nos rescatará.

Habrá lagunas, resquicios, espejismos de esperanza, aparecerán nuevos Unamuno y Baroja y Machado y Valle-Inclán, habrá movimientos ciudadanos solidarios, y hasta expresiones de alegría y signos de mejora, pero la mayoría, así como la mayoría que llegará al poder, seguirán siendo los hijos de los hijos, los iletrados orgullosos, los chabacanos e inmorales, los pomposos prepotentes que se creen en pos de la verdad absoluta sin alternativas, los que se ríen sin escuchar. España, como casi todos los países, más allá de la forma de su gobierno, al final siempre acaban dando vueltas sobre sí mismos una y otra vez, pero nosotros raras veces salimos del mareo. Y entre tanto, la chica, la española, de la España profunda además, antigua bióloga infravalorada, ahora vive feliz frente a la puerta de Brandenburgo.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a No hay rescate

  1. Anónimo dijo:

    Mariano.
    Me ha gustado mucho la forma de expresar el análisis de lo que no se quiere, o no interesa ver. Parece ser que la única salida sea triunfar desde dentro y que la suerte te acompañe. Hay quien se lamenta del mundo que el adulto deja a las generaciones que llegan detrás. Pero estos sufren, los que inedebidamente asumen esa reponsabilidad, la impotencia de poder frenar, en unos la angustia y en otros el pasotismo, de la actitud del adulto que deja un mundo podrido a sus hijos. Pero esta situación debe cambiar o está cambiando. A partir de ahora el mundo estará en manos de quienes deciden que su existencia depende de ellos y no miran a los demás, sino sólo a su liderazgo personal para sí mismos. Se lanzan, se gobiernan, se aman, se encuentran… se viven como una auténtica experiencia que no puede ser compartida. Sólo se puede orientar a quien lo desee y que aprenda a caminar por su mundo interior.

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