Mauricio

Port Louis (Cempazúchitl)

Después de Nigeria, tuve que atravesar África para ir a la isla de Mauricio. Necesitaba ir a un lugar así. No solamente porque la calidad de vida y la atención al extranjero es mucho mejor en Mauricio, sino porque a nivel de política pública Mauricio está mucho más cercano a lo que yo estaba acostumbrado: un país de renta media que no necesita a las instituciones financieras más que para recibir asistencia técnica en temas muy particulares.

Mauricio es también uno de los países a los que más había querido ir cuando niño. La primera razón son los pájaros dodos, primera especie para la que hay evidencia científica señalando que su extinción es consecuencia directa de la actividad humana. Esto pasó hace más o menos 300 años, y el último ejemplar disecado fue devorado por las termitas hace 200. El resultado es que, al día de hoy, nadie sabe a ciencia cierta cómo eran los pájaros dodos, tal y como pasa con los dinosaurios. Probablemente esta historia, que a mí me parece fascinante, habría quedado en el olvido de no ser por Lewis Carroll y Alicia en el País  de las Maravillas, donde los dodos hicieron su entrada triunfal en la fantasía occidental. Cuando le decía a la gente de la isla que una de las cosas que más me llamaban la atención eran los pájaros dodos, me respondían con un “ah” desairado, no sé si por la nostalgia de lo que nunca se va a recuperar, o porque, al igual que yo, otros millones de turistas van a Mauricio en busca de los pájaros dodos, ese sueño imposible e icono del ecologismo occidental. Me imagino que es lo segundo: los tourist traps están llenos de peluches, efigies, estatuillas, y demás artículos de pájaros dodos.

La segunda razón es literaria. Una de las primeras novelas de Alejandro Dumas se llama Georges y tiene lugar en Mauricio. Georges cuenta la historia de un mulato enamorado de una blanca francesa que es forzado a ir a vivir a Europa pero regresa a tomar venganza en unos 20 años. El contexto de la historia es la Guerra Napoleónica, cuando Mauricio pasó a ser posesión británica (anteriormente era una colonia francesa). Los críticos ven en Georges una premonición del Conde de Montecristo (enamoramiento – exilio – venganza) y nada más. A mí me parece que Georges tiene un componente autobiográfico importantísimo que los críticos subestiman y que hacen que Georges sea más personal que Montecristo obra que, a fin de cuentas, Dumas publicaba como suplemento de los periódicos para sobrevivir. El elemento autobiográfico es que Dumas era, al igual que su personaje, mulato (hijo de un general francés y una sirvienta haitiana).

Quizá podría añadir un tercer elemento más técnico que descubrí hace poco: Mauricio es, junto con Seychelles (donde también estuve) y Cabo Verde, el país con mayor desarrollo humano de África. Esos tres países tienen dos cosas en común: la primera es que son islas, y la segunda es que ninguno de las tres tenía población indígena: todos los habitantes descienden de alguien que vino de otro lugar. Esto ha sido analizado a profundidad por Jeffrey Frankel de Harvard en este paper (un poco técnico, pero leíble).

Mauricio es un país fascinante, más allá de las playas y todo lo que atrae al turista promedio. Con una diversidad étnica que haría que otros países estén sumidos en el caos, y a pesar de estar lejos de todos lados, el país ha podido establecerse como un lugar relativamente próspero y perfectamente bilingüe (todo mundo habla francés e inglés a la perfeccion). Culturalmente, y gastronómicamente, Mauricio es un paraíso, una veta de oro, para el interesado.

En Mauricio hay indios, que son la mayoría, o al menos el grupo más visible, negros, chinos, musulmanes y una minoría francesa. Estos últimos son los que controlan los medios de producción de la economía, y no vi a ningún integrante. Con nadie pude hablar de Georges; los indios obviamente tienen otras referencias culturales (Vishnu, etc), y lo mismo ocurre con los demás grupos étnicos.

La gente de Mauricio fue lo suficientemente inteligente para evitar dos cosas que arruinaron a África con efectos que van a durar por los siguientes doscientos años: no le expropiaron los plantíos de azúcar a los  blancos, y no expulsaron a los comerciantes indios. También mantuvieron relaciones buenas con las antiguas metrópolis; no tiene sentido tener sentimientos nacionalistas cuando todos son extranjeros.

Es políticamente incorrecto decir que Mauricio es una sociedad de castas, pero sin embargo eso es lo que es. Y es una sociedad de castas estable. No sé hasta qué punto el hecho de que el grupo étnico prevalente sean los indios, que ya tenían interorizado el sistema de castas del hinduísmo ayude a la estabilidad. Por un lado, me desagradan las explicaciones culturales; por el otro, “la cultura” es un salvoconducto cuando los científicos sociales no tienen explicaciones convincentes: cuando no se sabe qué pasa es muy fácil achacarle todo a “la cultura”, ese ente indefinible e intangible pero que se puso de moda con Samuel Huntington.

En cualquier caso, el sistema de Mauricio funciona más o menos así: hasta arriba están los franceses, invisibles e intocables. En medio están los indios. Al inicio, uno ve a los indios todos iguales, pero con un poco de atención las diferencias empiezan a ser evidentes. Los funcionarios de alto nivel, por ejemplo, están vestidos con trajes indios tradicionales, y conforme uno va bajando de nivel se va encontrando con personas vestidas a la occidental. Los musulmanes son asistentes administrativos, y los chinos son comerciantes y number crunchers, como en todos lados del mundo. Los negros son atletas, músicos y fuente inagotable de mujeres fértiles en el mejor de los casos, y la escoria de la escoria en el peor. Los únicos pobres realmente pobres que vi en Mauricio eran negros, muchos de los cuales eran, según me dijeron, inmigrantes.

Nuestras conversaciones con la gente de Mauricio no llegaron a nada. Mauricio fue un fracaso pero, a diferencia de otros fracasos, nos trataron bien; la gente es extremadamente amable. En honor a la verdad, Nigeria fue más productivo desde un punto de vista profesional. Para ponerlo en argot torero, Mauricio fue una sucesión de largas cambiadas; nosotros éramos los toros. Nos decían que sí a todo, con una sonrisa en los labios, pero al cabo de unos días era evidente que lo que les decíamos le daba igual. Si yo tuviera su estructura de incentivos, probablemente hubiera hecho lo mismo: el país funciona relativamente bien; tiene sus problemas, pero los ojos del mundo están en Europa y no hay forma de que Mauricio represente una amenaza a la estabilidad económica regional o mundial.

“¿Que se puede mejorar la calidad de los servicios públicos, y del gasto¿ Sí, sin duda. Pero eso requiere mucho esfuerzo y mover piezas del delicado equilibrio político. Mejor salir de la ofi a las 5 e ir a la playa los fines de semana. Mientras no gastemos de más y sigamos siendo bilingües, todo irá bien.”

Esa era la lógica con la que nos respondían. Todo mundo es feliz.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Port Louis, Washington. Guarda el enlace permanente.

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