Bath

Image

The Circus, Bath, por Robert Woodroffe c.1829 (Victoria Art Gallery, Bath)

Elisa (Bath) Fuimos a Bath a visitar a unos amigos hace unas semanas.  Tomamos el tren que cruza Inglaterra, desde Newcastle en el noroeste de la isla hasta Penzance en el extremo suroeste y que para, entre muchas otras ciudades, en Sheffield y  Bath. El tren no se distingue de otros salvo por  la particularidad de que se pueden reconocer la mayor cantidad de acentos ingleses en un mismo recorrido.  Después de un par de horas tratando de distinguir si las voces de mi vagón procedían de Newcastle,  Birmingham o Cornwall  llegamos a Bath o Aquae Sulis, como la llamaron los romanos en el año 43 a.C. 

Bath creció alrededor de un manantial de aguas termales.  En los tiempos prerromanos se veneraba a la diosa Sulis y cuando los romanos invadieron la identificaron como Minerva.  El santuario  fue entonces  nombrado Aquae Sulis.  Los romanos erigieron un templo y posteriormente, en el lapso de aproximadamente 300 años, construyeron los  baños que atraían al turismo interesado en las propiedades curativas de las aguas termales.  El sitio arqueológico de los baños es impresionante, no sólo por el tamaño y la cantidad de albercas que alberga, sino porque da  muy buena cuenta de la cultura, tecnología y ritos que los romanos desarrollaron entorno al agua.

Al recorrer la ciudad también se puede sentir un sabor continental atribuible  a los edificios construidos durante el siglo XVII de estilo georgiano.  La arquitectura es  grande, con líneas, proporciones y elementos clásicos que ponen en evidencia el crecimiento económico de la ciudad durante ese periodo.  A partir de 1730 el puerto de Bristol, que está a 20 km de Bath, obtuvo el control sobre el comercio de esclavos. Muchos de los aristócratas que se beneficiaron  invirtieron dinero en la ciudad que puso de moda la reina Anna al ir a tratar sus males a las aguas termales.   El arquitecto John Wood, proveniente de una ciudad cercana, aprovechó el furor.  Wood  no sólo construyó muchos de los edificios más sobresalientes de la ciudad como el Circo, sino que creó un movimiento entre los arquitectos de la zona para crear una arquitectura uniforme que siguiera  los patrones del estilo  georgiano y el uso de materiales locales.

En 1800 Bath se volvió muy popular para los aristócratas quienes migraron a Brighton y Bath se quedó con sus grandes edificios y un turismo menos pretencioso, de hecho se volvió una de las ciudades favoritas para el establecimiento de muchos pensionados.  Para mi amigo Ricardo, que estudia en la Universidad de  Bath, la ciudad es una especie de burbuja turística aislada de la realidad y tiene razón.  La ciudad es hermosa y uno se olvida del resto del mundo al caminar por sus calles, las burbujas del manantial de Aquea Sulis permean el aire y un goce soporífico se adueña del visitante.  Tal vez las aguas de Bath curan sólo porque hacen olvidar. 

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s