Marruecos

Cempazúchitl (Washington)

La segunda semana de la misión tuvo lugar en Rabat, Marruecos. Pude ver un poco más de lo que vi en Túnez. en parte porque la secretaria de la organización donde trabajo tuvo la fabulosa ocurrencia de hacer reservaciones en un hotel en el centro de la ciudad, y en parte también porque tuve el fin de semana libre y aproveché para ir a visitar a un amigo y a su hijo recién nacido en Casablanca (empezamos a entrar a esa edad en la que uno se casa, tiene hijos, y etcétera).

Como siempre, las opiniones son estrictamente personales, están en desorden, y  son tan sesgadas como pueden ser después un viaje de seis días en el que se tiene contacto con poca  gente.

Lo más impresionante de Rabat y de Casablanca es el parecido con México. Rabat es una copia calcada de los barrios de clase media alta y alta de la Ciudad de México: casas relativamente grandes con muros de entre 1.5 y 2.5 metros cubiertos con flores y plantas (a diferencia de México, los muros marroquíes todavía no son corondos por alambres de púas o cristales rotos para ahuyentar a los ladrones). La limpieza, verdor, y encanto de Rabat quizá se deban en parte a que uno de los 12 palacios conocidos del rey ocupan una tercera parte de la ciudad.

Casablanca también se parece a México, pero las partes donde ocurre la acción: edificios viejos cayéndose, edificios modernos comiéndose barrios populares, barrios de pobres al lado de residencias de ricos, y ese rasgo que define a todo país de renta media: banquetas (aceras, en otros países) destruidas.

Nota técnica: El Banco Mundial clasifica a los países en tres grupos: renta baja, renta media, y renta alta. El criterio para definir qué país entra en cada grupo es el ingreso per cápita. Países con menos de 1,0005 dólares son de ingreso bajo; entre 1,005 y 12,275 son de ingreso medio, y de 12,275 para arriba son de ingreso alto. El por qué se escogieron esos números como baremo para clasificar a los países nunca ha sido claro, y aunque el Banco intente presentar una explicación en su website, es una mentira. La realidad es que, en su momento, a alguien se le ocurrió que menos de 850 definía a un país pobre, y menos de 10,000 a uno de ingreso medio, y ya. Desde entonces nada más ajustan por inflación.

Lo que define en realidad a los países pobres, de renta media y renta alta es el estado de sus calles y sus banquetas. En los países pobres, las calles son de tierra y las banquetas no existen: el gobierno no tiene dinero para pavimentar las calles, y las banquetas no son necesarias porque el grado de urbanización (y por lo tanto la densidad de automóviles) es bajísima. En los países de renta alta, las calles están impecables (el gobierno tiene dinero para mantenerlas) y las banquetas, esa zona gris que no se sabe si son responsabilidad del ciudadano o del gobierno, también: los ciudadanos tienen conciencia de la necesidad de mantener los espacios limpios y en orden, o simplemente deciden pagar más impuestos para que el gobierno lo haga. En los países de renta media, las calles están en un estado más o menos decente (no son ricos pero tampoco son los más pobres) pero las banquetas son un desastre, a veces existen, son utilizadas como estacionamiento por los automovilistas, están sucias, o destruidas por árboles, etcétera. Las banquetas son un reflejo de que lo que define a un país de renta media es que la relación de poderes entre ciudadanos y gobierno es poco clara, es una zona gris en la que cada quien va a la suya y lucha y sobrevive como puede.

De regreso a Marruecos: Tanto en Rabat como en Casablanca, toda avenida importante tiene el nombre de alguno de sus reyes modernos, de los cuales todos se han llamado o Mohamed o Hasan, así que el néofito está frito. Hablar mal de la familia real está prohibido (hace tiempo las autoridades marroquíes interceptaron ediciones de El País y del Le Monde por presentar reportajes críticos del Rey actual, Mohamed VI), y toda oficina de gobierno tiene una foto del rey (en México era así hasta hace poco: había una foto del presidente de turno en cada oficina de gobierno, y en Estados Unidos, país donde se entiende el valor del protocolo y los rituales, sigue siendo así hasta la fecha).  La idea de la monarquía es totalmente absurda pero, honor a quien honor merece, la monarquía marroquí se ha distinguido por hacer de Marruecos un país abierto y cercano a Occidente. No son demócratas y son dueños de medio país y medio sector productivo, con lo cual el ciudadano marroquí paga más de lo que debería por la mayoría de los servicios, pero al menos han tenido el buen olfato de abrir cierta el espacio para participación política, misma que ha servido para que el integrismo no se haya desarrollado en Marruecos.

La familia real intenta ser identificada con el Estado: los billetes y las monedas tienen la efigie de Mohamed VI, me parece, pero el mejor ejemplo es la mezquita Hassan II, construida por el rey homónimo. La mezquita, edificio gigantesco construido sobre tierra ganada al mar, fue financiada con un impuesto extraordinario pagado por todas las ciudadanos marroquíes. En algún lugar del Corán se dice que todo aquel que construya una mezquita tiene un lugar en el paraíso, así que los marroquíes bien podrían empezar a presentarse como pueblo elegido de dios. Tras pagar el impuesto, las familias recibían un certificado que les permitía hacer trámites oficiales como sacar carnés de identidad, licencias de manejo, contratar electricidad, etcétera. Cabe preguntarse por qué el estado marroquí no hace lo mismo o algo parecido con los otros impuestos, evadidos por un montón de gente. Como quiera que sea, la idea de tener un proyecto común a toda la nación, financiado por todos, tiene mucho de nation and state building.

Las reuniones con los funcionarios marroquíes, y con los ciudadanos en general, son frustratnes, al menos en lo que concierne a temas de trabajo. Otra de las cosas que definen a los países de renta media es la creencia de que todo va bien y de que todo se va a arreglar gracias a las clarividentes políticas públicas implementadas por X. Cualquier comentario crítico, sugerencia, o o que sea, es interpretado como interferencia de las organizaciones neoliberales que intentan asesinar a nuestros pueblos, y etcétera.

Habrá que ir, algún día, a las partes turísticas.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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