Mi angustia ante la nada o mi visita a Morzine

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Fotografía de Josh Riordan

Elisa (Sheffield)  Si vives en Sheffield y tu salario clase mediero te lo permite, contemplarás la idea de ir a esquiar.  Para una mexicana clase mediera proveniente de Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera, esquiar significa Tequesquitengo. Teques es un lago del estado de Morelos en donde  algunos clase media-altos de la Ciudad de México, tienen casas de fines de semana para  esquiar, embriagarse, tomar el sol y relajarse del estrés de la ciudad.

Cuando Caspar me dijo que íbamos a esquiar lo primero que pensé fue en un lago y me dio un poco de angustia porque nunca aprendí a levantar el culo del agua al ser jalada por una lancha a toda velocidad.  Cuando me corrigió que íbamos a esquiar a los Alpes Franceses a un pueblo que se llama Morzine cerca de Ginebra, le dije que ya no estaba segura de casarme con él.  Aunque traté varias estrategias para librarme del viaje terminé un lunes por la mañana tratando de caminar en el lugar más extraño que he estado en mi vida, con unas botas de astronauta que estrangulaban mis tobillos y cargando unos esquíes que hasta ese momento no entendía que serían principal mi medio de transporte durante la siguiente semana.   

Morzine es un pueblo pequeñito que en el invierno se llena de ingleses, parisinos, belgas, españoles y demás europeos ansiosos de un poco de acción invernal, buen vino y tartiflette, una guisado a base de papas, tocino, crema y  queso Reblochon perfecto para recuperar la energía. Tiene dos  calles principales y una de ellas lleva al elevador que haciende a la montaña, la blanca montaña. 

Y es que la montaña es blanquísima, tan blanca e inmaculada, que una vez arriba con mis botitas y los esquíes que no me entraban, me encontré con la más desastrosa angustia existencial.  La nieve ha sido mi más significativa experiencia con la nada, ese concepto tan abstracto y aterrador tuvo por primera vez un sentido pleno.  La angustia por la muerte de Dios no tiene comparación alguna con la angustia de presenciar tanta blancura, sobre todo para un ente tropical como yo.  

Ante la nada blanca, helada y vacía, me quedé petrificada, un estado nada aconsejable si te encuentras en medio de una pendiente muy inclinada y resbaladiza.  Afortunadamente Caspar llegó a mi rescate. Se plantó frente a mí, me mostró el horizonte y me enseñó esquiar.  Después de unos días, la angustia se volvió excitación, el blanco mostró sus matices y la nada se saturó.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Mi angustia ante la nada o mi visita a Morzine

  1. Ades. dijo:

    La nieve y la nada es posible que sea aterrador. Pero más aterrador puede ser una hoja en blanco mal utilizada. Cuando estés frente a una en limpio, por favor, huye lejos muy lejos, no escribas, no te inspires con angustias existenciales trilladas y sobre todo, no sometas a los lectores de este sitio, que estamos acostumbrados a leer buenos textos, a ver un montón de palabras juntas sin sentido. Huye y cuando aprendas a escribir regresa y seré el primero en aplaudir tu logro.

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