El mundo por Montera

Pablo (Madrid)

Montera es el nombre que recibe el útlimo tramo de la Calle Fuencarral, que cuando queda atravesada por la Gran Vía se despoja de su modernidad cool siglo XXI de peinados imposibles y gafas de pasta para reaparecer al otro lado como una calle oscura y en ocasiones hasta sórdida, por lo que había que cambiarle el nombre.

La Calle Montera, que te dirige hasta la Puerta del Sol desde la Gran Vía, comienza con un McDonald´s cuya principal función es servir de punto de encuentro y cuyo gran ventanal está siempre ocupado por disimulados clientes que tratan de ocultar que si se han colocado en ese ventanal es para tener la excusa adecuada para contemplar a las prostitutas que se contonean en la calle desde primera hora de la tarde.

Esas mujeres del este de Europa son lo más conocido de la calle y lo primero que uno sabe que se va a encontrar cuando pasa por allí. Curiosamente, no es extraño que junto a ellas, unos metros más allá, pasee la policía con normalidad, sin que ellas se oculten y sin que en ningún momento vayan a cerrar el negocio. La comisaría de la primera bocacalle parece sólo una excusa para que estén siempre allí, “vigilando”.

Pasado el tramo de las prostitutas al comienzo de la calle, aparece una cuesta pronunciada que nos deja caer hasta Sol. En el camino encontramos que el preámbulo de las putas continúa con una serie de establecimientos dedicados a vicios varios y a servicios propios de una calle que respira más de noche que de día. Conforme bajamos, además de restaurantes de diversas nacionalidades, nos encontramos con varios establecimientos donde te clavan tatuajes y piercings, una tienda de discos heavys y artículos oscuros, un par de sex shops, múltiples locales de juego y apuestas deportivas, varias tiendas de souvenirs cutres de Madrid y España, los locales de compra-venta de oro cuyos comerciales a pie de acera, de chalecos fosforito, gritos incesantes y carteles vistosos promocionan dos calles más allá, en Preciados, y el detalle que le da el toque mágico a la calle, el completo sinsentido (o una forma muy efectiva para blanquear dinero) de que haya seis zapaterías seguidas al final de la cuesta, una tras otra, una frente a otra, con zapatos baratos de mala calidad. Si aquello es honrado/legal, que vengan los policías de la comisaría a 200 metros y me lo expliquen entre puta y puta.

Sabiendo que se puede pasear con tranquilidad por esa calle debido a al presencia de la comisaría, mucha gente que va de paso flirtea con los ofrecimientos de la calle, alguno se para a hablar con las prostitutas cuando le abordan, se asoma a los sex shops y a los locales de juego, quizá juegue, quizá se acerque a mirar los zapatos de las zapaterías.

Montera es un pasillo aislado, colocado en un lugar que casi nadie diría que le corresponde, un corredor de vicio que enlaza dos de los puntos más importantes de la ciudad, una de las calles más comerciales y transitadas con el punto central sobre el que se distribuye el resto de Madrid, y como siempre el por qué es sólo un detalle sin importancia. Me encanta.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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