Un campo de golf

Cempazúchitl (Washington, DC)

Y ahora, una revelación que hará que usted, ahora sí, termine por odiar al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, si no es que las crónicas de canibalismo infantil que se han publicado en este blog no lo han hecho ya.

Y la noticia es: ambas instituciones son propietarias de un campo de golf (full disclosure: la gente del BID también tiene postular para una membresía). Como si no fuera suficiente con los atropellos que hacen día a día, su arrogancia cuando van a los lugares más pobres del planeta con sus trajes de miles de dólares  y sus maletas oscuras con laptops alejadas de la realidad de la gente; también tienen un lugar en el que pueden practicar el deporte más burgués (y el más ecocida) del planeta: el golf.

Ahora, dejémonos de dramas. La historia del campo de golf es bastante interesante. Por alguna extraña razón, no sé cuál, los estadounidenses tienen una obsesión con el golf. En el resto del mundo, este deporte es visto como símbolo de burguesía y exclusividad; aquí, se busca masificarlo con las evidentes catástrofes ecológicas que eso conlleva: tala de árboles en lugares como Maryland (al lado de Washington) o utilización de agua para mantenimiento en lugares como Phoenix, que está en medio de un desierto. En algunos estados, hay campos de golf públicos. En su momento, mucha gente argumentó que el éxito de los programas de acción afirmativa implantados a fines de los sesenta se reflejaba en el éxito de Tiger Woods (“en su momento” quiere decir antes de los escándalos sexuales, cuando Tiger Woods fue utilizado como ejemplo del fracaso de los programas de acción afirmativa, que inducen a la promiscuidad, etc, etc). Uno de los mejores libros que he leído sobre los presidentes de este país es First Off the Tee, de Don van Natta, que hace símiles entre el estilo para jugar  al golf  y el de gobierno (Nixon era un tramposo; Taft, un incompetente; Clinton, un embaucador con carisma).

Los consejos de administración del Banco Mundial y el FMI decidieron crear el campo de golf por una razón muy sencilla: a finales de los 50, antes de que iniciaran los movimientos en contra de la discriminación racial, ningún club de golf de la ciudad admitía a negros como socios. Se dieron varios casos de ciudadanos de países africanos y del Caribe cuyas solicitudes de membresía fueron rechazadas por el simple hecho de ser negros. Esto, además, en una época, en la que los servidores públicos tenían una serie de privilegios exorbitantes, como permiso para estacionar el auto donde quisieran, inmunidad diplomática en juicios civiles y penales, compensaciones monetarias para el pago de colegiaturas, entre muchas otras.

Se podrá decir lo que se quiera, pero  no deja de ser una suma de paradojas el hecho de que las organizaciones dedicadas al desarrollo del mundo hayan financiado un proyecto burgués en aras de la equidad interracial.

Las fortunas del campo de golf han cambiado con el paso del tiempo. De ser un lugar exclusivo para la casta dorada que eran los servidores públicos internacionales, cayeron en el semi-olvido cuando los campos de golf de la ciudad empezaron a admitir a no-blancos; más recientemente, con los recortes presupuestales y la proliferación de trabajadores de tiempo parcial tanto en el FMI como en el Banco Mundial, que no pueden pagar la membresía y los que pueden muchas veces no se pueden desplazar (el golf está a más de media hora de camino en coche y, obviamente, no hay acceso por transporte público), el lugar se ha convertido en el centro de reunión de los senior staff que tienen contratos a duración ilimitada. El campo de golf también se ha convertido en la sede de los torneos deportivos anuales de las dos instituciones: uno de futbol en el verano y uno de cricket, en el que juegan los de Technological Services (indios y pakistaníes) contra un combinado del “Resto del Mundo.”

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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