La casa del pueblo

Aletz (Puebla)

La solución era mudarse, nadie era feliz en esa casa. Mi padre lo sabía, mi madre lo sabía, pero nadie hacía nada. Hasta que mi hermana le escribió una carta a mi padre. Ignoro lo que decía la carta, pero a la semana encontró una nueva casa, a un paso de donde vivíamos, al interior del pueblo de San Andrés Cholula.

Fuimos a la casa, recorrimos una a una las recámaras dispuestas en semicírculo alrededor de un patio de cemento, entendimos que el baño no formaba parte de este ordenamiento singular, si queríamos mear a medianoche había que salir a la intemperie; el techo de la cocina estaba negro de hollín; las paredes pintadas de rosa y azul pastel; los pisos de cemento helado. Olía que a un costado criaban cerdos. O quizá era el baño. Si una imagen podría habernos disuadido de que lo nuestro no era el infierno, fue la que escogió mi padre ese día. Regresamos a vivir con mi abuela y a olvidar el 1003 de la 8 Norte, nuestra única posibilidad de escapatoria.

Pero apenas tres años después, en el 96, cuando entré a la universidad, varios amigos fueron ocupando esa misma casa, justamente esa. La culpa la tuvo la Udla.

La Udla (Universidad de las Américas-Puebla) es una universidad gringa que se fundó hace cuarenta años para darles una salida decorosa a los desertores de Vietnam. Por qué escogieron los gringos Cholula es algo, hasta el día de hoy, inexplicable. Hay fotos tomadas por Juan Rulfo de la época en la que la gente se cagaba en su jardín y le echaba un montoncito de tierra encima. Quizá los gringos pensaron que ahí nadie los iba a molestar; dejarían de ser gringos para ser ingenuos. Ya construida la universidad, los poblanos optaron por la nacionalización, se fueron los hippies desertores, se inscribieron los mexicanos ricos, y le pusieron una barda que ni siquiera las moscas se atreven a cruzar.

En un par de años, los estudiantes ricos llegaron de todo México; se adoquinaron las calles de San Andrés, se entubaron los baños, y la 12 norte se convirtió en la zona de bares y antros más grande del Estado. Al número 1003, le pintaron murales en las paredes, el negro hollín de la cocina sirvió de fondo para un grabado, y el semicírculo que ordenaba los cuartos le dio, digamos, rotación a los ángulos de la casa. Con el baño, ahí sí tuvieron que chingarse. Los estudiantes la bautizaron Melrose Place.

Durante la carrera, conocí a cuatro que vivieron en esa casa, amigos de amigos. Nunca les dije que mi familia había planeado mudarse ahí, pero quizá ya lo saben, o lo intuyen, o lo sabrán en un momento. La red de conocidos en la Udla es extensísima y ágil como pocas.

A cada encuentro con un amigo o a amiga de la Udla, la costumbre es llevar una baraja de nombres e irlos intercalando con las cartas del otro. ¿Quiénes viven en el extranjero y haciendo qué?, ¿quiénes han regresado del extranjero y por qué?, ¿quiénes todavía no han ido al extranjero?, ¿quién entró al negocio del padre y cuántos van ya por la Maestría o el Doctorado? Que yo sepa esto no sucede en ninguna universidad pública, a lo menos yo no le he visto con Deni, y otros amigos que estudiaron en ellas. Se mantiene el contacto con dos, tres amigos cercanos, el resto se olvida. La Udla, en cambio, te obliga a ese repaso. El Facebook de la élite mexicana, la gran familia con sus engorrosas visitas a sobrinos de quinto o sexto grado, la sonrisa fija frente a los tíos de los tíos, la tarde entera pasada en casa de la abuela, pero también la complicidad entre hermanos.

La casa 1003, de la 8 norte, que en 1993 nos horrorizó a mi hermana y a mí por pueblerina, es ahora, veinte años después, Melrose Place: una de las posadas del pueblo más tradicional, estrecho e inamovible de México, el de su clase media y media alta.

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Cholula, Montreal, Puebla. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La casa del pueblo

  1. La arquitectura cholulteca es el siguiente paso en la evolución humana, pero nosotros todavía no hemos llegado ahí para darnos cuenta de su grandeza.

  2. Aletz dijo:

    Vaya que si estaba lejos de darme cuenta, y lo sigo estando…. Agárrate, que ahí te va la peor noticia: la casa del patio en medio, habitada por el Diabo, Vítor y tu servidor, la demolieron, para construir, en su lugar, la casa del anciano (sin árboles, ni zonas verdes).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s