Preciados

Pablo (Madrid)

Las calles que van a dar a la Puerta del Sol merecerían cada una de ellas un blog entero, pero ahora me voy a detener, aunque en la práctica sea imposible, en la Calle Preciados. La Calle Preciados es, junto con la Calle Serrano, la calle de compras más importante de la ciudad, sólo que en esta última la mayoría de madrileños lo que hace es mirar y soñar, algún día seré rico y tendré este traje, algún día seré rica y me compraré este vestido. Preciados se extiende desde la Plaza de Callao a Sol y allí sólo hay tiendas, en su mayoría de ropa, casi todas pertenecientes a grandes cadenas, y entre ellas gente, mucha gente, a todas horas, toda caminando rápido al compás de diferentes músicas según el lugar de la calle. Preciados es una calle completamente peatonal rodeada de plazas y calles peatonales, pero hay más ruido que si una manada de coches la pudiera atravesar. Al comienzo y al final suele haber dos grupos de jazz, que casi forman una orquesta, tocando animadamente, con ritmo, consiguiendo que parezca que haya variedad aunque en el fondo creo que siempre tocan lo mismo. A la altura de El Corte inglés, se alterna con una de las orquestas un dúo de xilofonistas que tocan melodías populares en xilófonos gigantescos. Por mitad de la calle suele haber magos, gente disfrazada y completamente inmóvil, caras pintadas que sobresalen de una mesa para darte un susto, inmigrantes compradores de oro y jóvenes vendedores de caridad a los que, tras tanto tiempo haciendo lo mismo en la misma calle, poca gente les hace caso.

Es tiempo de rebajas, lo que quiere decir que todo se multiplica por dos, los músicos, magos y vendedores cada vez ocupan más espacio de la calle durante más tiempo, el número de gente aumenta y no dejan de entrar y salir de la madriguera de las tiendas durante el horario comercial, ahora ampliado. Todos caminan más rápido, hablan más fuerte y tocan más alto, y consiguen que, aún sin darte cuenta y sin proponértelo, recojas su inercia y empieces a moverte más rápido, a hablar más alto y hasta a entrar en alguna tienda incluso cuando sólo pasas por esa calle porque es la más directa para ir a Sol desde Callao. Y su dinámica invisible sólo se despliega cuando llegas al final, te das la vuelta y la ves desde su comienzo, sin poder contemplar su suelo debido a todas esas cabezas andantes.

El verdadero reto que plantea la calle no es pasar por ella sin comprar sino conseguir que cuando caminas sólo con la intención de dar un paseo no acabes casi corriendo sin motivo y queriendo adelantar al que te precede, que seguramente llevará, como casi todos los de allí, dos o tres bolsas en la mano.
Su mejor cualidad, aunque sea por exceso, es que en ella siempre hay vida y entretenimiento, mucho más que en otras, aunque no se busque. Sin embargo, de todas las calles que acaban en Sol, la que más me gusta, sin duda, es Montera, pero eso será en otra ocasión.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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