Rumpelstizchen

Aletz (de visita en Alemania)

Camino tres calles hasta cruzar las vías del tren, doblo a la derecha, desciendo hasta llegar a la última casa del pueblo. Inhalo en paz, estoy en el mundo del Barroco. A un costado, un riachuelo, del otro, un montículo de árboles que caen en picada. El sendero, cubierto de las hojas de otoño, sigue los contornos del riachuelo. Imagino las piedras y los leños como las teclas blancas y negras de un piano, la corriente suave tocando los arpegios del Clave bien temperado. Es un mundo ordenado, un mundo con sentido, una epifanía secular. Se intuye aquí y allá, en la grandeza de un cedro, el Romanticismo que se avecina. Pero por ahora todo está en orden, formamos parte de un cosmos. La burguesía, la ciencia y las artes se respetan.

Hasta que doy la vuelta en el sendero de Junkenbush, y me encuentro de nueva cuenta con las vías del tren, pero ahora a mitad de un bosque de hayas. A la distancia logro ver un puente de cemento, en la esquina más cercana hay una granja. El tren, el bosque, la granja con su techo de dos aguas y los andamios visibles de madera; aquí rechinaron los gritos de los judíos, transportados desde toda Europa. Imposible no evocarlos cuando hemos crecido bajo ese gran mito, el del fracaso de la civilización, la vergüenza de Europa, los rieles rechinando bajo el peso de las mercancías y de las víctimas.

Pierdo de vista las vías del tren, y me encuentro a mitad del bosque. Es un bosque tupido de hayas, un laberinto sin murallas y sin cámara final donde encontrar un sentido. Si no tuviera un sendero de tierra, correría a cualquier lado o me dejaría caer al suelo. Existe, sin embargo, este sendero, y puedo imaginar, mientras camino, a los niños de Hamelin escondiéndose en cada árbol, una casa echa de puro dulce, y una hoguera alrededor de la cual baila Rumpelstilzchen.

ach,wie gut dass niemand weiß,

dass ich Rumpelstilzchen heiß!

El laberinto del bosque se resuelve en un acertijo, y ahora lo entiendo gracias a un cuento de hadas.

De pronto, me topo con el anuncio de la Lintorfer Strasse, la calle que lleva al centro de Ratingen. Se acabó la caminata. Subiendo por esta calle llego a la plaza central con la Iglesia, cafés y un bar. Pienso en la posibilidad de regresar camino andado, adentrarme en el bosque, brincar sobre el riachuelo, hacer malabarismos sobre los rieles del tren. Podría, pero no lo hago. Curiosamente, la caminata en los alrededores del pueblo de Ratingen se asemeja al recorrido de una vida. Y sería tonto regresar y no querer salir de la juventud, la edad adulta o la vejez. Así que mejor subo por la calle.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Rumpelstizchen

  1. Ulf dijo:

    Que chéveres los cuentos de los hermanos Grimm! 🙂

    “Heute back ich, morgen brau ich,
    übermorgen hol ich der Königin ihr Kind;
    ach, wie gut dass niemand weiß,
    dass ich Rumpelstilzchen heiß!”

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