The Nationals

Cempazúchitl (Washington)

Que el béisbol sea el deporte más aburrido del mundo lo discuten solamente sus aficionados y los que dicen que la distinción pertenece al críquet, que no es otra cosa sino el abuelo inglés del béis.

Y, sin embargo, el béisbol ofrece un montón de aspectos extra cancha fascinantes. El béis, por ejemplo, es el deporte sobre el que más películas se han hecho en Hollywood, y su época dorada coincide con el surgimiento y madurez de lo que muchos estadounidenses llaman “The Golden Generation of America“: los años que van de 1920 a la Guerra de Corea. Por razones que deberían ser obvias, el estadounidense promedio respeta mucho a los que crecieron en la Gran Recesión y después fueron a morir en Europa y en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Y por extensión, los héroes deportivos de la Golden Generation son vistos con cierto romanticismo y admiración: nombres como Babe Ruth o Ty Cobb son reconocidos por prácticamente todo mundo. Eran épocas diferentes también, acaso más románticas: Babe Ruth podía irse de fiesta una noche y meterse con tres putas la noche anterior al partido en el que rompía un record. “Take me to the old ball game” es una canción que suena en todos los partidos profesionales a la mitad del séptimo inning (el “fatídico”, como decía un comentarista de tele mexicano), y la gente la canta.

Ahora que está de moda hablar del declive estadounidense, como lo ha estado desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, quizá sea válido decir que el béis es el vestigio de una época en el que la gente era más heroica, más trabajadora, más idealista y… más racista. La lucha por terminar la segregación racial no inició, o al menos no ganó notoriedad en los medios, cuando una mujer negra se negó a cambiarse de lugar en un autobús, sino cuando los Dodgers de Brooklyn firmaron a Jackie Robinson, terminando así con el pacto de bandoleros (perdón, caballeros) al que llegaron los dueños de los equipos para no contratar a jugdores negros.

El béis también representa el último vestigio del capitalismo salvaje y desregulado que creó a este país a finales del siglo XIX e inicios del XX. Si usted cree que lo que vemos ahora en Wall Street actualmente es de escándalo, la época dorada del béis ofrece casos de partidos arreglados (búsquese “Chicago Black Sox” en internet -el nombre original del equipo es White Sox), compra de jueces, y  fallos amañados de la Suprema Corte de Justicia. Baste decir que el béis es el único monopolio legal en los Estados Unidos. Si mañana usted y sus socios quieren establecer una liga profesional de fút americano o de básquet que rivalicen a la NFL o a la NBA, respectivamente, puede hacerlo. Quizá fracase desde el punto de vista financiero, como tantos challengers lo han intentado, pero nadie le impide hacerlo. Si intenta hacer lo mismo con la Major League Baseball (MLB), puede ir a los tribunales. O los dueños de los equipos a la MLB lo pueden hacer quebrar, que es aún peor (aquí hay un excelente artículo describiendo cómo y por qué  el béis tiene un status legal distinto al de las otras ligas deportivas).

Más allá de los aspectos históricos y políticos, el béis es fascinante también desde el punto de vista estadístico. Desde un punto de vista aplicado, la estadística no es más que la materialización de la idea  que si se repite un evento el suficiente número de veces, podremos predecir el futuro con ciertos intervalos de confianza. No hay deporte más repetitivo que el béis, y cada lanzamiento del pícher ofrece una oportunidad para predecir si el bateador le pegará a la pelota o no. Esto ha creado una industria paralela al béis consistente en el seguimiento puntual y específico de cada jugador, cada cuánto le pega a la pelota, cada cuánto pega un home run, cuántas bases se roba, etc. En los asientos localizados atrás de los bateadores se sientan los ricos a apostar dinero y mujeres en cada lanzamiento, y también maquiavelan sobre el futuro de la humanidad . Nate Silver, el gurú de la predicción de eventos políticos de este país, se pagó los estudios y sobrevivió antes de ser famoso apostando al béisbol durante muchos años. Poco a poco, las cadenas de teles europeas que transmiten partidos de “soccer” empiezan a americanizarse y pasan todo tipo de estadísticas: pases a gol, pases fallados, etcétera. Esta deriva numérica inició en el béis.

Los spring trainings tienen lugar todos los años a partir de la segunda semana de marzo en Tamba Bay y Arizona. El béis marca, si no el inicio del verano, sí el final del invierno, lo cual es siempre una excelente noticia. No sé qué autor americano fue el que dijo que lo único bueno del béis es que anuncia la llegada de los vestidos de verano y de la época en la que se puede tomar cerveza al aire libre. Hay extranjeros que están al pendiente del inicio de los spring trainings para saber si ya va a acabar el maldito invierno…

A mí me gustaba el béis cuando era niño. Mi equipo era los Blue Jays de Toronto, que eran los que andaban bien en ese entonces. En México pasa algo muy curioso con los deportes estadounidenses: todos los mexicanos, o al menos los hombres de clase media, tenemos un equipo favorito de cada uno de ellos que, misteriosamente, es el que ganaba mucho cuando éramos niños. Así, los mexicanos varones de clase media que fueron niños durante los 70, son, mayoritariamente, fans de los Acereros de Pittsburgh en fút americano, los Yankees en béis, y los Celtics en básquet; durante la primera mitad de los 80, de los Acereros, los Dodgers, y los Lakers; durante la segunda mitad de los 80 e inicios de los 90, de los 49ers, los Azulejos, y los Toros de Chicago, y así…

Después, dejé de seguir el deporte, en parte por el escándalo de dopaje que sacudió a la liga a fines de los 90 e inicios de este siglo. Básicamente, en esa época se rompieron consecutivamente un montón de récords de bateo vigentes durante 30 años. Con el tiempo salió a la luz que los bateadores estuvieron dopados. Hace 3 años, el Congreso estableció una comisión investigadora cuyos trabajos continúan hasta ahora. Un cínico preguntará si los Congresistas no tienen algo mejor qué hacer con su tiempo y con el dinero de los contribuyentes que investigar una liga privada. La respuesta es que quizá si, pero, al mismo tiempo, hay equipos de béis en mercados pequeños (Oakland, Milwaukee, Baltimore) que sobreviven cuando los visita un equipo grande, con la consiguiente derrama económica que eso conlleva. Una deserción en masa de fans decepcionados mataría a esos equipos y las fuentes de trabajo que generan. Dado que el sistema judicial gringo funciona en base a castigos ejemplares (Britney Spears a la cárcel por conducir borracha, Eddie Vedder haciendo trabajo comunitario por lo mismo, y así), los políticos estadounidenses quisieron ser particularmente duros con los dopados como ejemplo. En ese sentido, no debería ser sorprendente que la mayoría de los miembros de la comisión provengan de ciudades con equipos de béis pequeños.

Yo he ido dos veces a ver a los Nationals, el equipo de DC. Antes de venir a DC, los Nationals antes eran los Expos de Montreal y nadie les hacía caso. Eran un equipo de media tabla para abajo. Ahora puede sonar raro que el béis, actividad anglosajona por excelencia, haya tenido éxito en Quebec, pero hubo una época en que el provincianismo nacionalista no había inoculado en los quebecois, por lo que el equipo fue recibido con cierta simpatía tras la Expo Internacional del sesenta y siete. La fiebre duró poco tiempo y, tras el fiasco de los Juegos Olímpicos del setenta y seis, la única razón por la que los Expos continuaron en Montreal fue por un acuerdo con la ciudad de Montreal mediante el cual los Expos pagaban un precio menor por rentar el Estadio Olímpico, dinero que era utilizado para pagar la deuda adquirida  por la Ciudad de Montreal para la construcción del inmueble.

Eventualmente, la situación de los Expos se hizo insostenible desde el punto de vista financiero y deportivo y se tomó la decisión de moverlos a Washington. Continúan siendo un equipo de media tabla, y las únicas ocasiones en las que llenan el estadio es cuando juegan contra un equipo importante de la Costa Este como los Yankees de Nueva York o los Phillies de Philadelphia. Para añadir un tono aún más triste al asunto, la gente que llena el estadio son fans de los otros equipos, que viven aquí o vienen sólo a ver el juego.

Mis experiencias en el estadio de béis han sido divertidísimas. Lo que pasa en la cancha es aburridísimo las primeras dos horas y media, aunque por suerte las gringas se visten con poca y corta ropa y la cerveza es más barata que en los bares. Para la última media hora, todos en el estadio estábamos tan borrachos, que ya no importaba si pasaba algo o no. Gritábamos igual y cantábamos “take me to the old ball game” como si hubiéramos esperado todo el invierno para ir al estadio. En algún momento del juego, salieron botargas vestidas de Lincoln, Teddy Roosevelt, y George Washington, corriendo por todo el estadio en una competencia que no terminé de entender. La gente, creo recordar, estaba muy contenta.

El fút americano es una experiencia muy grass-roots para mí; el hockey, demasiado pretencioso. En el béis no hay nada qué perder: los Nationals son malos pero la cerveza es barata y los boletos de entrada cuestan menos que la entrada a cualquier discoteca. Todos la pasamos bien.

 

Esta semana quería terminar con los deportes, pero se me quedó en el tintero el no-evento de la semana: Occupy the World Bank and the IMF! Les cuento el domingo que viene.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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