El escudo antimisiles

Pablo (Madrid)

Madrid no necesita escudo antimisiles, la capa de humo que cubre la ciudad se ha vuelto tan densa que estoy convencido de que cualquier ataque enemigo se vería repelido por ella. Nuestra atmósfera de polución particular ha ido ganando consistencia y grosor tras cuatro meses en los que los días de lluvia se han podido contar con los dedos de una oreja. Como si fuera un filtro para la cámara de nuestros ojos, la contaminación ha distorsionado el color del cielo de manera sutil, pero ahí está. Y nadie parece que tenga intención de hacer nada para remediarlo, sobre todo una vez pasadas las elecciones locales.

Nuestros políticos echan balones fuera del estadio, casi de la ciudad, más nos debería preocupar el desempleo, dicen. Ya lloverá. Ni media medida, ni media intención de pensar en hacer algo para reducir los cada vez más altos niveles de contaminación, que empiezan a acechar a los de los más grandes contaminadores del planeta (salvo en deportes, el resto de clasificaciones en las que España va en cabeza es cada cual más infame). La visión y las fotos de la ciudad, hechas desde los pueblos de las afueras, presentan un aspecto muy triste. Madrid es envuelta por una burbuja gris de la que sólo escapan los pisos más altos de los rascacielos de Plaza Castilla.

En la última semana llovió dos días casi consecutivos, por lo que imagino que ahora nuestro escudo se habrá disipado algo y si nos atacan desde el aire seremos tan vulnerables como lo somos en los ataques no violentos de tierra, pero sigue siendo muy preocupante que no se haga nada (y que lo que se haga sea cambiar de sitio los medidores que indican la contaminación para que den menos nivel), que en determinados problemas, incluso en los más graves, se haya instalado la conciencia del ya pasará o del ya lo arreglará otro, ya vendrá noviembre y sus aguas y a otra cosa, hasta que lleguemos a mayo del año que viene y otra vez los mismos pesados de los ecologistas alterando el orden del escudo, que con el crecimiento de la ciudad se va haciendo cada vez más espeso y gana fuerza de manera exponencial ante la ausencia de agua. El cielo bajo el escudo ya no es tan cielo aunque esto casi no altere el ritmo de la ciudad. Menos mal que aún nos queda el otro lado del río, donde, como dije, aún no se han borrado las estrellas.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a El escudo antimisiles

  1. Anónimo dijo:

    Ahora, querido Pablo, entiendo por que la chica de la camisa roja a cuadros perdió su colorido paseando por la áreas de la ciudad, era el escudo antimisiles que la destiñó o le rascó la piel hasta el autobus de vuelta a su rincón.

    Me parecen articulos buenos y algunos muy buenos. Sigue escribiendo, ¡que los lea alguien que los pueda publicar y pagar por ello!

    MuacK

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