Danone Nations Cup

Pablo (Madrid)

La Danone Nations Cup es el nombre de lo que probablemente en unos años se convierta de manera oficial en el mundial de fútbol alevín, (niños de 10 a 12 años). Es una competición anual y su undécima edición tuvo lugar en Madrid.

La competición está organizada de tal manera que ningún equipo queda eliminado como tal, ya que todos los equipos juegan el mismo número de partidos y según los resultados, se determina una clasificación final del 1 al 40.
El torneo lo ganó Brasil (los propios chavales decían que eran los favoritos antes del torneo) en una final donde barrió a Tailandia, la sorpresa de la competición. Chile quedó tercera y Rusia cuarta. Aunque en un torneo así, lo de menos es el fútbol.

Y más allá del Fair Play, la amistad, los contrastes culturales, el gozo del jugar por jugar y el buen ambiente que hubo durante los tres días de torneo, lo mejor, como siempre, fueron las anécdotas.

Senegal y Canadá eran los que apoyábamos (junto a España, claro) desde la organización porque eran los únicos equipos en los que había chicas. Los rituales previos a los partidos eran una emulación de los rituales de las selecciones absolutas; los equipos africanos calentaban haciendo coreografías, Nueva Zelanda hacía la haka y México hacía un corro y rezaba. A ellos parecía que era los únicos a los que les funcionaba, hasta que llegó Brasil y les ganó en cuartos.

Los miembros de la organización, los coordinadores y los entrenadores se unían al ambiente festivo, hacía buen tiempo y en general todos disfrutaban, especialmente uno de los árbitros, que utilizó el torneo para intentar ligar con cualquier mujer que hubiera por allí, ya fuera la coordinadora del equipo bielorruso, la responsable de información y resultados del torneo o la camarera del servicio de catering. Lo hacía muy a la española, con una simpatía algo impostada y una labia interminable. Evidentemente, no tuvo éxito.

La fiesta del torneo estaba a cargo de los turcos y los hispanoamericanos, en especial los argentinos, que no paraban de cantar que iban a ganar, pero perdieron en octavos de final. No había gente de muchos países animando aunque los que vinieron se hicieron notar, especialmente los rumanos, portugueses y uruguayos. Un capítulo especial lo merece la afición española, a la que no dejaron entrar a los campos de juego y veía los partidos detrás de una valla o encaramados a unos columpios.

El padrino del torneo era Zinedine Zidane, que apareció el último día para ver los partidos finales y para hacerse una foto con los chavales, aunque en el momento de su aparición el equipo de Arabia Saudí se levantó corriendo, rompiendo una formación de 250 chicos bien ordenados, y empezó a gritar ¡Zidane! y fueron a tocarle la espalda y la calva, lo cual desencadenó una reacción de estampida hacia el francés, que obligó a la seguridad del torneo a escoltarle a los vestuarios, ya que en cuestión de segundos se vio rodeado por los 250 niños agitados que intentaban tocarle, y se empezó a poner nervioso. No hubo foto.

En los descansos, los chavales montaron un mercado de intercambio de banderines, donde trataban de coleccionar las banderas que se entregaban antes de jugar los partidos. Las comidas eran el campo de batalla de la guerra psicológica de cánticos, donde parecía más fuerte el que más alto gritara y donde Senegal calló a los demás cuando empezó a hacer una melodía de percusión sólo con los cubiertos, los platos, las bandejas y los vasos que dejó a todo el mundo fascinado.

El último día todos los partidos se jugaron en el Santiago Bernabéu, donde fueron unas 40.000 personas, casi todo padres con hijos. El estadio por dentro es algo gris, sus entrañas son como un pequeño laberinto donde todo es igual y la señalización es algo confusa. Los palcos, nos dijeron, sólo se utilizan para hacer negocios. Eso sí, a pie de campo resulta tan imponente como se deja ver desde fuera.

Y por último, para recordar a los niños del equipo de Haití y a la monja que los cuidaba, que estaba tan taciturna como ellos, dejo una foto. ,

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Danone Nations Cup

  1. Aletz dijo:

    Guau, en realidad estaban tristes esos chamacos. Cómo es posible, en un torneo de niños!

    Me quedo con la anécdota de los niños de Senegal y su orquesta de cubiertos, los/las canadienses, los mexicanos rezando, el árbitro ligador… de hecho, me quedo con todo el texto. Muy bueno!

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