Reuniones Anuales

Cempazúchitl (Washington)

El fin de semana pasado tuvieron lugar los Annual Meetings del Banco Mundial y el FMI. Ministros de finanzas y banqueros centrales de todos los países del Mundo se reúnen durante un fin de semana para hablar sobre distintos temas. En este año, el Banco Mundial se concentró en el tema de equidad de género; el FMI, en la crisis de la Zona Euro. Los websites de ambas instituciones contienen amplia información sobre lo que se dijo durante el fin de semana, y medios como el FT o el Economist presentan varias cosas que se dijeron pero no de manera oficial. Pido perdón por hacer propaganda a favor del FT y el Economist, pero son estas dos publicaciones las únicas en el mundo que abordan los temas económicos con seriedad y profesionalismo. El tema de la Zona Euro ese llevó los titulares. Como dijo Mafalda, y como siempre pasa, “lo urgente no deja tiempo para lo importante.”

Dado que hay mucha información sobre los temas serios, quisiera hablar sobre cómo se viven los Annual Meetings a nivel de cancha. Para la mayoría de los empleados de esas dos instituciones, los Annual Meetings quiere decir una cosa: el viernes es de work from home -o sea, no se trabaja de facto, o se trabaja lo mínimo indispensable. Los únicos que tienen que ir a la oficina el viernes, y también el sábado y el domingo, son los altos mandos de ambas instituciones. Menciono esto para que luego no digan que los organismos emanados del Bretton Woods no promueven la equidad y la redistribución.

Hay dos razones por las que los empleados del BM y del FMI tienen que trabajar desde casa ese viernes. La primera es que los edificios de esas instituciones son muy pequeños. El manejo logístico de delegados de 194 países, más prensa, más personal, más todos los etcéteras imaginables, es casi imposible. La segunda razón es histórica: a finales de los 90 y principios de este siglo, la gente protestaba en cada reunión internacional. Algunas protestas pasaron a la historia, como la de la WTO en Seattle, en 2001, cuando los globalifóbicos (o “altermondialistas”, como eufemísticamente se les conoce) desquiciaron la ciudad; la del G7 en Génova el mismo año, en la que trágicamente murió un manifestante a manos de la policía, o la de Cancún en 2003, cuando un manifestante koreano se encajó un cuchillo en el estómago para llamar la atención. Mucha gente se manifestó en Washington en esa época, pero ese ya no es el caso desde hace 4 ó 5 años. Algún día escribiré sobre el declive de la globalifobia -entendiendo por globalifobia las hordas de manifestantes que, desde todos los rincones del mundo viajaban a todas las cumbres internacionales a quejarse del orden mundial-, pero me temo que una de las razones es que los dos países que más han reducido la pobreza en los últimos años han sido los que han adaptado el capitalismo más salvaje: China e India. Ya no hay globalifóbicos en los Annual Meetings. Hubo mucha más gente protestando el lunes después del arresto de Dominique Strauss-Kahn.

Pero me estoy desviando. En realidad, los Annual Meetings tienen lugar desde la semana anterior, cuando llegan dos grupos de personas: la gente de la sociedad civil, que discuten los mismos temas que los gobiernos, pero en un foro aparte, y servidores públicos de nivel medio-bajo a tomar cursos. De la sociedad civil no voy a hablar. Son presas de sus propias contradicciones: una de sus demandas es que el BM y el FMI les rindan cuentas a ellos, cuando la obligación lógica es que lo hagan ante los gobiernos de los Estados miembros, que representan a los ciudadanos y a quienes deberían rendir cuentas en último lugar (que los gobiernos sean democráticos, o representativos, o accountable, es algo de lo que se debería ocupar la sociedad civil, en vez de querer hurgar contabilidades que no entienden).

Los servidores públicos de nivel medio-bajo son el tema que vale la pena. Tanto el BM como el FMI tienen Institutos, encargados, entre otras cosas, de capacitar a servidores públicos de países en vías de desarrollo en temas tan divertidos e interesantes como métodos econométricos para hacer predicciones, o métodos para diseñar presupuestos gubernamentales de acuerdo a los estándares de calidad (lo de “divertidos e interesantes” fue sarcasmo puro, en caso de que alguien no lo haya entendido). A veces, los tecnócratas de los Institutos van a los países; otras veces, organizan congresos regionales, etcétera. El propósito de los Institutos es que el conocimiento técnico del FMI y del BM “baje” a los países que más lo necesitan. Uno de los cursos más solicitados hace 10 años fue uno que enseñaba el heróico tema del cálculo de aranceles y cuotas compensatorias (lo de heróico también fue sarcasmo, chicos listos). El problema era, básicamente, que los países africanos entendían, muy a grandes rasgos, los beneficios que iban a tener con la liberación comercial, pero no estaban viendo que los países desarrollados les estaban haciendo dúmping o les estaban imponiendo cuotas desproporcionadas. El Instituto del BM organizó varios seminarios y entrenó a muchísimos servidores públicos para que pudieran llevar estos casos de prácticas desleales ante la OMC. En muchas ocasiones, ganaron.

Formar y reformar desde el origen. La labor de los Institutos del Banco y del Fondo es, quizá, la más importante, pero también la menos publicitada de las instituciones. Y es que en realidad no hay mucho qué publicitar. La econometría, la contabilidad, y las tácticas de negociación no venden en la prensa; sí lo hace Michael Moore y compañía gritando slogans en frente de la Casa Blanca.

Después, viene lo de siempre: ministros de países en desarrollo con comitivas de 50 personas y limusinas equivalentes al presupuesto del ministerio de salud que representan; los escándalos de pasillo de miembros de las comitivas que le hicieron propuestas indecorosas a las secretarias, etcétera… La semana anterior a los Annual Meetings devuelve la confianza en el sistema; la de después, la evapora inexorablemente.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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