Cuál perros

Aletz (Montreal)

El experimento es el siguiente. Son ocho personas. A la mitad se les asigna el rol “A”, a la otra mitad el rol “B”. Los primeros toman siempre la decisión. Hay dos opciones: X y Y. Si la persona “A” opta por X, tiene una ganancia asegurada de 20 puntos, pero deja al otro en ceros. Si la persona “A” opta por Y, la persona “B” puede tomar una decisión. Ya sea que decida Derecha o Izquierda, ambos ganan, pero la diferencia de puntos (dinero) es considerable. Si “B” decide por Derecha, él se lleva 50 puntos y “A”, 5 puntos. Si “B” decide por Izquierda, él se lleva 20 y A, 30.

Ahí les va el esquema. Pongan atención porque les voy a dar la mejor explicación, desde mi experiencia en el laboratorio, de la crisis económica en la que estamos hundidos. Vean:

Esquema

Con un poco de matemáticas, se darán cuenta que hay una manera en la que los dos, “A” y “B”, pueden trabajar juntos para ganar más dinero. Para hacerlo, sin embargo, “A” debe confiar en “B”.

Llegué este sábado al laboratorio del piso 35, ubicado en el centro financiero de Montreal. Me registré para el experimento, recibí la explicación y me tocó el rol “B”. Mi ganancia dependería pues, de las decisiones de “A”. Decidí que lo llevaría a una distancia cercana, pero le dejaría siempre un margen de delantera en los puntos.

“A” comenzó con dos X (0 puntos para mí, 40 para él), y una Y, en la que yo opté por Izquierda (20 puntos para mí, 70 para él). En la cuarta ronda, “A” optó nuevamente por Y, y yo pensé que era el momento de optar por Derecha y estar así parejos, equilibrar ganancias (70 puntos para mí, y 75 puntos para él). Error. “A” no perdonó que me acercara a su puntuación. Las siguientes cinco rondas, optó por X, acumulando 100 puntos, contra 0 míos. Luego, para probar si yo había aprendido a comportarme, me dio nuevamente acceso a la puntuación, optando por Y. Si yo respondía con Izquierda, le daba a él o ella 30 puntos y a mí 20. Pero en total, la diferencia de ganancia sería enorme, “A” se habría ido 120 puntos adelante mío. O nos vamos iguales, o me quedo sin nada. Decidí por Izquierda.

Y me quedé sin nada. “A” me canceló en las siguientes 20 opciones. Le pareció más fácil ganar dinero a la segura, o lo que es peor, no quiso que yo ganara una cantidad de dinero similar a la suya. Salí del experimento mentando madres. Adelante y atrás mío veía al maldito o a la maldita que me había dejado con siete dólares de paga, mientras él o ella llevaba, a lo menos, cuarenta. Y aquí la explicación de la crisis. Sin ataduras, sin reglamentos, somos animales crueles. Sacrificamos ganancias, con tal de que el otro no se nos acerque, con tal de tenerlo lejos, abajo. Ataduras, reglas y acicates. ¡Cuál perros!

Era sábado, y a esas horas unos amigos habían organizado una comida. Fui al laboratorio confiado en que, al salir, podría comprar una botella de vino para llevar a la fiesta, o si lo prefería, sentarme en una terraza, pedir una cerveza y terminar de leer el libro que estoy leyendo sin remordimiento de conciencia. No pude hacer ninguna de las dos cosas. Tomé la bici y me dirigí de vuelta a mi casa. Con siete putos dólares.

En el trayecto, al pasar a un costado de la Place des Arts, me detuvo un grupo de alrededor de doscientas personas. Bailaban algo que parecía un musical de los cincuenta, con la música proyectada desde bocinas de alta potencia. El coreógrafo dirigía al grupo encaramado desde una bocina. Qué carajos. Paré la bici, los vi bailar tres veces la misma coreografía, y cuando iban a intentarlo una cuarta, arranqué y me fui volando.

Doscientas personas que pasaban por la calle y accedieron a perder dos o tres horas de su día, para bailar. Ancianas, jóvenes, turistas, montrealenses, de todo.

Pensé, de nueva cuenta, en el experimento. Pensé en mi amigo Cempazuchtil, y lo depresivo que sería su trabajo en Bretton Woods si no lo balanceara con Machado, Pessoa y Alberti. Pensé en los neoliberales, los keynesianos, los banqueros y los consultores, en los millonarios, a quienes no les faltan ataduras ni reglamentos tanto como sentarse en la soledad de su casa y leer poesía, o detenerse a mitad del bullicio de la ciudad y bailar con la gente. Leer y bailar. ¡Cuál seres humanos!

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a Cuál perros

  1. Para que sigas documentando tu pesimismo, la encarnación del capitalismo: http://www.youtube.com/watch?v=aC19fEqR5bA

  2. Aletz dijo:

    holly molly!! C’est l’apocalypse!!!

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