María la serbia

25 de septiembre de 2011

Cempazúchitl (Washington DC)

No hay explicación honorable detrás de mi ausencia de tres meses. Lo que sí hay es una excusa que, como todas las excusas, es banal y frívola: estuvimos de verano en DC y el edificio donde vivo tiene piscina (“alberca” en México; “pileta” en Argentina). Tras un invierno de 9 meses, lo único que quería hacer los fines de semana era tirarme bajo el sol, hacer carnes asadas, ver chicas en bikini, tomar cerveza (o lo que hubiera), y nadar. Y, como entre semana no tengo tiempo ni energía para escribir, me ganó la ausencia. Así que lo dicho: no hay explicaciones; sólo excusas.

Fue un gran verano. No estuvo entre los mejores, pero sí cerca: me broncee, comí fruta, conocí gente agradable, e hicimos carnes asadas y tomamos cerveza prácticamente todos los fines de semana. Ahora toca hibernar por otros largos 9 meses… Pero mientras haya veranos habrá razón para vivir. Septiembre debe ser el mejor mes del año para morir: el recuerdo del verano todavía está fresco y uno no perderá, como siempre se pierden, las mil batallas que, a diario, nos ponen el otoño y el invierno.

Pero no quería hacer una apología barata del verano ni del hedonismo. De lo que quería hablar era de María la Serbia, “salvavidas” del edificio en el que vivo. (lo de salvavidas va entrecomillado porque la alberca es tan pequeña que dudo que alguien pueda ahogarse en ella aunque lo intente) Estados Unidos es un Ponzi scheme: vende sueños a todo mundo, pero sólo unos cuantos los consiguen. María es una chica de Serbia, tiene 21 años, estudia turismo en un pueblo del Este de su país (me dijo el nombre pero no lo recuerdo) y, oficialmente, vino a hacer sus prácticas profesionales en la alberca del edificio donde vivo. En realidad, María vino a tostarse seis días a la semana bajo el sol de 10 de la mañana a las 8 de la noche, sin pago, mientras vivía con otros 15 ó 20 serbios en apartamento localizado en uno de los peores barrios de la ciudad. A fines de verano hubo un huracán en DC; la única zona de la ciudad que se quedó sin luz fue donde vivía María.

Hay una compañía, que aparentemente funciona en toda Europa del Este, cuya fuente de ingresos es reclutar chicos para que vengan a Estados Unidos a “cuidar” piscinas de casas o edificios de gente rica. La recompensa para los incautos es la misma de siempre: poner en el CV que trabajaste en EUA y, para unos cuantos, el Santo Grial: un permiso para trabajar o, de plano, una green card. Al parecer, la compañía no se preocupa de que los reclutas hablen un inglés funcional o tengan un conocimiento mínimo de los Estados Unidos. La única vez que María tuvo que fungir como salvavidas (un imbécil borracho se tiró a la piscina y no podía salir; no fui yo, by the way), uno de los presentes (tampoco fui yo) tuvo que llamar al 911 para que viniera la ambulancia y, lo más importante, tuvo que llenar todos los papeles requeridos para la hospitalización del borrachín, con todos las consecuencias potenciales en términos de legal liabilities que eso puede traer. María simplemente no sabía que tenía que llamar al 911, mucho menos llenar una forma médico-legal en inglés…

María tiene tres sueños en la vida: el primero es ir a estudiar su último año del pre-grado a la Universidad de Belgrado; el segundo, venir cada verano a Estados Unidos a cuidar albercas de ricos hasta que termine la carrera. El tercero es trabajar un tiempo en Estados Unidos para después retirarse en Serbia y abrir un hostal, o algo así. Son sueños muy avanzados y centrados para su edad. Otras chicas en situaciones similares sueñan con ser bonitas o tener un novio guapo que las quiera, pero no María: ella está que te cagas y tiene novio de unos años atrás. El novio fue, misteriosamente, el “salvavidas” del edificio de junto y tiene cuerpo de peleador de Ultimate Fighting Championship

Que María ya haya cumplido (al menos por ahora) los sueños más comunes de las chicas de su edad es importantísimo. No sé si alguna vez comenté que DC es una ciudad en donde la gente vive muy sola, pero si no lo he hecho, sirva esta aclaración como punto de entrada para la historia de María.

María, al ser bonita y hablar poco inglés, se convirtió en blanco para todos los hombres no gays del edificio. Todos intentaron (intentamos) seducirla, prometiéndole el sol y la luna, algunos hasta la green card. Se valía de todo: desde actos de caballerosidad como ofrecerle carne asada o alcohol, hasta golpes debajo del cinturón, como pedirle que te cure una cortada en el dedo meñique mientras intentas llevarla a la cama. Todo se valía, hasta que llegaba el novio. El novio caía mal por dos razones: la primera es que era novio de María. La segunda es que la piscina de su edificio cerraba antes que la nuestra, por lo que venía a “ayudar” a María a cerrar la nuestra. En realidad, el hombre era un patán: María acomodaba las mesas y las sillas con el esmero de quien se quiere quedar en EUA; las dejaba alineadas como soldados o botellas de champaña. El novio nada más las pateaba y fingía que hacía algo…

Los hombres no homosexuales amaban a María y las mujeres la odiaban. Las mujeres de DC son, por lo general, muy exitosas a nivel profesional, pero un desastre en su vida personal: solitarias, deprimidas, carne de cañón para cincuentones más exitosos que ellas, y con un reloj biológico que martillea más que para otras mujeres, se puede decir que viven corroídas por la envidia. A María se le inventaron varios rumores: que si metía al novio y a otros hombres al mismo tiempo al vestidor; que si no cumplía el reglamento; que si llegaba tarde. Todo por envidia. Las pocas mujeres casadas que viven en el edificio eran las que más odiaban a María, porque sabían que sus esposos fantaseaban con ella.

María hizo sentir viejo a más de alguno y fea a muchas.

Los hombres homosexuales miraban a María con desprecio. Decían que, por usar pantalones de mezclilla deslavados con cloro en el culo y los muslos era muy vulgar. Por lo general, se ponían del lado de las mujeres. (aclaro lo de hombres homosexuales porque mi edificio es gay friendly; a mí me gustaría que fuera stripper-friendly o lap-dancer-friendly)

María malsufrío el verano. Al llegar, tenía la piel blanca y el pelo negro. El sol de DC, a 40 grados centígrados, le puso la piel roja y el pelo rubio… Vista como rival por unas y como puta por otros, juró no volver a DC. El año que entra quiere dar el salto a New York o a Miami. Si se hubiera despedido al irse, le habría deseado buena suerte.

Anuncios

Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
Esta entrada fue publicada en Washington. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a María la serbia

  1. Aletz dijo:

    La ausencia del verano valió por este texto de María la Serbia! Muy bueno!

  2. Pingback: De vuelta a Lomé | Siete Ciudades

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s