Telefónica Repsol

Pablo (Madrid)

…Y ahí, en medio de la encendida discusión, David, el discípulo, se levantó y miró desde arriba a Fernando, el antiguo profesor y ahora maestro, y le dijo:

-Te lo demostraré, voy a ser capaz de abrirme una cuenta bancaria a nombre de Telefónica Repsol. Sólo necesito diez días para conseguir un carnet falso y un ejemplar de la plantilla que usan en Telefónica y en Repsol para sus comunicaciones oficiales.

Fernando no pudo evitar reírse.

-Definitivamente te has vuelto loco. No tengo ninguna duda de que conseguirás el carnet y la plantilla pero no creo que nadie se trague lo de Telefónica Repsol.

-Hola, me llamo Telefónica Repsol porque soy un experimento de investigación de mercado. Las multinacionales Telefónica y Repsol me pagan todos los gastos de mi vida de clase media a cambio de que haga publicidad perpetua de sus marcas, su única condición es que mi nivel de popularidad siempre se mantenga alto, que varíe las personas con las que me relaciono y que cada vez tenga más contactos en las redes sociales.

Fernando se rió incrédulamente, dudando acerca de qué responder.

-No entiendo por qué una empresa querría gastarse el dinero que cuesta una vida a cambio de una identidad.

-No es una identidad, es publicidad perpetua, en todos los sitios, cualquier recibo, factura, formulario o solicitud que haga será un impacto publicitario. Cada vez que un amigo, o una chica, o un jefe me llame será un impacto publicitario. Mi nombre es su empresa, ¿Acaso no ves verosímil que alguien pague por estar de manera permanente en la memoria y el imaginario público? Tú me das tu identidad y a cambio te aseguro que tendrás estabilidad y tranquilidad en tu vida, te garantizo una vida “normal”, sin preocupaciones.

-No lo vas a conseguir.

-¿Por qué no? Soy un cliente más para el banco, más dinero para ellos. Tampoco creo que se sorprendan tanto por que alguien venda su nombre a cambio de dinero.

-No dudo de que habría gente que aceptaría el trato pero las empresas no se arriesgarán a depender de tu popularidad. No suena verosímil.

-Eso ya lo veremos, de momento voy a abrir mi cuenta.

 

Diez días después David se presentó en una sucursal del banco más grande de España con su DNI y sus dos pares de folios, donde explicaba la naturaleza del trato. Al presentarse, el empleado de la oficina le pidió que no le hiciera perder el tiempo y que se marchara, pero cuando le entregó los formularios y el carnet, empezó a dudar. Palpó la identificación tratando de corroborar a simple vista que era auténtica. Cuando no encontró nada raro, ni ahí ni en los folios, se excusó y dijo que tenía que hacer un par de llamadas. Se levantó y se fue a llamar desde otro teléfono de la sucursal para que David no pudiera oírle. Tras quince minutos de espera, el empleado volvió.

-Muy bien, señor Repsol, tenía razón. Ahora mismo le abro la cuenta.

-Perfecto, muchas gracias.

El empleado tardó dos minutos en abrirle la cuenta y entregarle todos los documentos. Al firmarlos, David dibujó una firma que simulaba la letra y disposición de los logos de las dos empresas.

-Bien, pues ya está todo.

Sin que hubiera terminado la frase David se levantó intentando guardar su sonrisa de satisfacción.

-Una cosa más señor Repsol, acérquese un momento.

David se giró y permaneció de pie.

-Acérquese, venga.

David se aproximó a la mesa y cuando estuvo pegado a ella el empleado se levantó de la silla, le cogió el hombro y empezó a susurrar amenazador.

-Mira chaval, no sé qué quién eres, ni quién te ha mandado, ni a qué viene toda esta broma, pero tengo que cumplir los objetivos del mes y necesito clientes. No se te ocurra hacer ninguna tontería con esta cuenta o voy a por ti. ¿Has entendido?

-Sí, claro –dijo, algo impresionado-.

-Bien.

 

-¿A quién crees que llamó? –preguntó Fernando-

-Tengo la impresión de que fue a un compañero de trabajo. Al principio creí que llamaría a la Policía, y luego, cuando tardaba tanto pensé que habría llamado a las empresas, pero no sé.

-¿Qué vas a hacer ahora?

-¿Con qué?

-Con esto. ¿Vas a seguir?

-Ni hablar. Vuelvo a ser yo.

-¿Has disfrutado con lo del banco verdad?

-Mucho.

-Te voy a retar. Te reto a que vivas dos semanas como Telefónica Repsol, y a que al final de esas semanas escribas a Telefónica y a Repsol contándoles lo que has hecho.

-No me harán caso.

-¿Pero lo harás?

-Sí.

-Lo sabía…

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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