El Rey Secreto

Guille (Paris)

 

En aquella época trabajaba en la librería Le Merle Moqueur , en el 20 eme. Uno de los clientes me pidió “El Secreto Del Rey”,  de Sarah Legrand, yo escuché mal: “El Rey Secreto”. Después de que me aclararan el título, me quedé pensando. “El Rey Secreto” me parecía un buen nombre para un relato o para un libro de relatos, me resultaba sugerente. Un rey es lo menos secreto que puede tener una tierra, de hecho se podría decir que su principal función es la de ser percibido.

 

Pensaba que al llegar a casa me pondría a escribir, pero estaba muy cansado así que cené frente a la televisión y me acosté con un libro. Después de leer unas pocas páginas apagué el velador y me dispuse a dormir.

 

Recordé la idea de “El Rey Secreto”. Lo imaginaba huyendo. Llevaba una capa de un azul brillante y un sombrero negro. Era un poco más grande que una persona normal, sus perseguidores eran sombras deformes llenas de manos.

 

Sentí un ruido que venía desde la ventana, sin duda alguien acababa de entrar, sin abrir las hojas de la abertura. La cortina se sacudió y encendí la luz. Entonces vi a un hombre muy alto, de chaqueta azul brillante y sombrero negro.

 

-Buenas noches- dijo arreglándose la ropa y mirando alrededor- Hacía quinientos treinta y cinco años.

 

– ¿Perdón?

 

– Pídeme un deseo.

 

-¿Qué hace en mi casa?

 

-Soy un Rey. Un enemigo me hizo desaparecer y sólo puedo renacer cuando alguien me imagina tal cual soy, o tal cual era al momento de mi desaparición. Hace quinientos años que no sucedía, para agradecerte por haberme hecho renacer puedo concederte un deseo.

 

Como pensaba que era una fantasía o un farsante, pedí lo primero que me vino en mente, como para comprobar los poderes del rey: Una moneda.

 

Sentí que mi mano se sacudía y al abrirla vi un hermoso círculo de oro que brillaba contra la luz de la lámpara.

 

-Ahora debo irme pues tengo sólo algunos días, luego volveré a las tinieblas.

 

-Yo puedo imaginarte de nuevo.

 

-No lo creo. Tienes que imaginarme tal cual soy.

 

-Ahora que te he visto me bastará recordarte.

 

-Si tu memoria me deforma apenas un poco, seguiré encerrado.

 

Dio media vuelta y se fue.

 

Desde esa noche trato de evocarlo, pero no logro dar con él, sin duda cambio algún rasgo o el tono de la chaqueta.

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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2 respuestas a El Rey Secreto

  1. Aletz dijo:

    Rojo, rojo, rojo…. no aparece. Ya se cambió de ropa.

  2. Drupy dijo:

    Bien muy bien!!!!

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