Cinco horas con Ken Loach (2ª parte)

Pablo (Madrid)

…Tras aquella frase impensable y que me dejó sin habla, la directora me explicó que al ser el día de la clausura y no saber cuánto tiempo se iba a tardar en conseguir un vuelo de vuelta para Loach debía ir yo, y no ella, a acompañarle, pues por mucho Ken Loach que fuera, ella era la directora del Festival y debía estar presente en la ceremonia de entrega de premios. Después de debatirlo con el subdirector del festival, que no estaba muy convencido de la decisión, me lo ratificó, me iba con Ken a Gibraltar. A las 9 debía estar en el hall de su hotel.
Al llegar, la directora me estaba esperando y me dio su teléfono para que llamara al aeropuerto británico por si ya había confirmación o cancelación, nos respondieron que hasta las once y media de la mañana no sabrían nada. Entonces subió a por dinero para posibles incidencias durante el viaje y al cabo de pocos minutos bajó Ken, el cual contestó de manera muy reveladora cuando ella le comunicó que yo le acompañaría, “are you sure?” dijo.
Nos metimos en el coche acompañados de Pedro, el chofer del Festival y fuimos camino de Gibraltar.

En aquel momento sabía que iba a tener a Ken Loach dos horas junto a mí si no se había cancelado el vuelo, indefinidas si el aeropuerto estaba cerrado. Al principio traté de ocultar mis nervios de la manera que podía y una vez le observé mientras contemplaba la serranía rondeña desde la ventana del coche pensé que lo mejor que podía hacer era tomarme esa situación con normalidad y hacer lo que haría con cualquier otra persona, hablar. Por supuesto una manera magnífica de romper el hielo era hablar de la huelga de controladores aéreos que nos había llevado a esa situación y que analizaban unos tertulianos de la radio regional.

Desde el principio del viaje Ken estaba por un lado preocupado por la situación de su vuelo y por otro con la intención de que el viaje fuera lo más ameno posible para todos, así que siguió mi conversación con naturalidad. Incluso me pidió que le dijera al chofer que aminorara la velocidad, sobre todo debido a las curvas pronunciadas y la estrechez de la carretera de entrada a la ciudad. Mientras disfrutaba del hermoso paisaje que ofrecía la serranía y que le tenía por momentos embelesado, hubo tiempo de conversar con el chofer acerca de la región y de cómo era el tejido industrial de la zona (en una de las típicas conversaciones que un invitado mantiene para ser considerado para con su anfitrión), de su equipo de fútbol favorito y de lo poco que le gustaba ese tipo de carreteras angostas, haciendo comparaciones con Inglaterra.

Ya en una carretera más apropiada continuaron los temas de discusión, su afiliación política y la independencia de su cine, cómo se gestaban sus películas y quién era el principal responsable de lo que en ellas se cuenta (donde declara autoría compartida con su guionista Paul Laverty) y su deseo de hacer al menos dos películas más, sobreentendiendo que al hacer el gesto de tocar madera se refería a su muerte.
Antes de la llegada a Gibraltar, además de que el chofer se equivocó de dirección, resultó particularmente curioso que no hubiera carteles señalizando que nos acercábamos a la ciudad, salvo cuando estábamos a escasos kilómetros de la misma. Loach y yo empezamos a bromear sobre lo estúpido que resultaba que aquella majestuosa piedra perteneciera a su país. Tras entrar en el Reino Unido y volver a equivocarnos de dirección para llegar a la terminal, entramos en el aeropuerto y buscamos rápidamente una pantalla. Todos los vuelos estaban cancelados. Aquello fue una bofetada para Ken, que cuando quiso reaccionar me vio llamando a la directora, que sabía que el vuelo estaba cancelado desde hacía media hora pero no había llamado para no preocuparnos.

Desde aquel momento empezamos a calibrar opciones de regreso, la primera que vino a nuestra mente fue Faro, al sur de Portugal, pero estaba demasiado lejos para ir en coche y la conexión en tren no estábamos seguros de que existiera. Tras un pequeño debate decidimos que lo mejor sería ir a Málaga y ver durante el trayecto qué hacíamos. A pesar de cierta oposición del chofer debido a sus condiciones laborales fuimos a Málaga elucubrando sobre posibles maneras de llegar a Londres lo antes posible. Durante el viaje surgieron varias posibilidades, ya habíamos dejado a un lado las conversaciones para centrarnos en las posibles combinaciones que podíamos ejecutar para volar a Londres, aunque quedamos de acuerdo en que lo principal era coger un AVE hasta Madrid, y allí ya se vería. Una vez cerrada esa parte salieron a la palestra las ciudades de Biarritz, Toulouse, Lisboa, Montpellier y la posibilidad de esperar en Madrid a que la huelga se resolviera y los aeropuertos recobraran la normalidad. Finalmente pensamos que lo mejor sería reservar una habitación de hotel cerca de donde vivía Paul Laverty (su guionista predilecto) en Madrid y salir a la mañana siguiente a cualquier ciudad francesa del sur con vuelo a Londres. Sin embargo, la opción que realmente tuvo lugar fue la de viajar en tren hasta Barcelona ese mismo día, dormir en la ciudad condal y coger un tren la mañana siguiente hasta Lyon para desde allí tomar el vuelo a Inglaterra. Esta resolución con horarios confirmados no tuvo lugar hasta llegar a la estación de Málaga, a 45 minutos de coger el tren a Madrid.

Durante el trayecto, de más de un hora y media, Loach se mostró más cansado y algo nervioso por la situación pero nunca desesperado, amable como siempre y comprensivo con la situación, aceptando que era ajena a cualquiera de nosotros. `I had a feeling in my guts that this travel would go wrong.´ Por suerte a continuación añadió que se lo había pasado genial el día anterior y que se quedaba con eso.
Una vez en la estación y con el problema de su regreso resuelto almorzamos tranquilamente hasta que salió el tren. Mostraba un gesto relajado y sereno, me confesó que no era la primera vez que se había visto envuelto en una situación así pero hacía mucho que no le sucedía algo parecido, me firmó una nota a petición mía como recordatorio de la aventura (en la que me escribió que siempre podría encontrar trabajo como agente de viajes), fuimos a comprar periódicos ingleses a la papelería de la estación, fue al baño, le acompañé hasta la entrada a las vías, me agradeció de nuevo el empeño y la compañía y nos despedimos con un apretón de manos.

El mito de Ken Loach se vio engrandecido a mis ojos porque Ken Loach fue un fiel reflejo de lo que eran sus obras. No se disociaba el creador de la creación, no había atisbos de juego, falsedad, o doble moral. No se percibía que sus películas estuvieran concebidas para dirigirse a eso que llaman un nicho de mercado, al que explotar con cierto contenido, para que luego el creador de dicho contenido se desentendiera de él y se mostrara de manera indiferente. Tampoco se escudaba en su obra para justificarse como la expresión y la expansión de una existencia imprevisible o desgarradora, llena de manías o de vicios u obsesiones.
Ken Loach (que nada más acabar el festival declaró que donaría dinero propio a Wikileaks) es un hombre comprometido y coherente, y eso redunda y se expresa en su obra.
En este caso, por suerte, la realidad venció al mito porque la realidad, al ser como representaba su mito, lo superó. Esperemos que haya mito durante muchos años más.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Cinco horas con Ken Loach (2ª parte)

  1. Aletz dijo:

    Estupendo!! Me encanta Ken Loach (yo no puedo hablarle de Ken) y me encanta tu texto, éste más que el primero. Geniales sus pelis como Sweet sixteen y Looking for Eric (que debe ver Cempazuchtil). Hay también una peli que trata el tema de los mexicanos en los United (Bread and Roses), esa no es tan buena, porque los mexicanos, al igual que los españoles, somos muy exóticos para que una visión extranjera nos retrate bien.

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