La silla de atrás

Harold (Bogotá)

Ayer volví a teatro. Hace mucho que no iba, así que fue bueno que nos regalaran esas entradas, aunque a decir verdad no vimos ninguna obra. Acudimos a unas improvisaciones que un grupo de editores había planeado para vender un nuevo concepto en libros de texto. Muy audaces estos señores que, al mejor estilo del deux ex machina, se armaron un soterrado artefacto de mercadeo y control mental salido de la nada. Y bueno, los performances de los actores (que iban en medio de los remedos de conferencia mercantilista) estuvieron muy buenos, los actores nunca estuvieron por debajo de su oficio y mucho menos de sus intenciones, así que no mucho hay que quejarse por la conferencia amañada ni por las cortísimas piezas de teatro. Lo incómodo, lo realmente molesto de la velada de anoche fue la silla de atrás.

No sé a cuántos les suceda igual, pero casi que se ha convertido en una costumbre que demos con algún pesado que se hace en la silla justo detrás de nosotros. Y parece increíble, porque están siempre en todas partes, y no quisiera parecer un poco fantasioso, pero a mí me da la impresión de que a veces son los mismos personajes. Aunque la naturaleza de mi fastidio por estos seres varía según los casos. En ocasiones son los sabelotodo, como en el teatro, están acompañados de alguien (generalmente una chica) a la que quieren impresionar, y entonces lo saben todo de todas las cosas, pueden determinar la pericia de los actores sin haberlos visto, o incluso son capaces de dictaminar que otra era la cosa en el teatro isabelino. Vaya uno a saber si en verdad saben tanto, pero no deja de ser recalcitrante que te lo estén gritando detrás de la oreja cuando intenta seguir los diálogos adelante. Además está el acuse de recibo de la chica, un interminable ahhhh, un uhmmmm, que fastidia más que la erudición a destiempo.

En el cine ocurre otro tanto. También he tenido en la silla de atrás a los eruditos del cine, pero los más molestos son los comentaristas, una voz en On que te aturde mientras te cuenta lo que efectivamente estás viendo, “uyy se murió”, “No puede, ser lo descubrieron”, etc, sí, como si uno no supiera lo que está viendo. Están también los comentaristas anticipadores, estos poseen una erudición a priori, siempre saben lo que va a ocurrir y si por ventura aciertan, entonces se cruzan de brazos (supongo que se cruzan de brazos) y dicen, “ven, tenía razón”, “ya se sabía”, “muy predecible”, etc.

En otra categoría están aquellos que parecen que en verdad son molestos de tiempo completo los que comen y hacen demasiado ruido, los que patean tu silla, y sobre todo los que se ríen impunemente.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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4 respuestas a La silla de atrás

  1. Pablo dijo:

    Creo que la silla de atrás es universal. Identifico plenamente a todos los personajes.

  2. Yulisa dijo:

    yo no puedo con los que siempre están diciendo !Hay¡ ese yo lo he visto ¿pero en cual? mmm si ya en la de bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla

  3. Adriana dijo:

    quieres ir al teatro conmigo?

  4. Drupy dijo:

    Cuando tendremos el gusto de volver a leer sus textos?
    Se siente la falta de creatividad del sitio cuando usted nos abandona.

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