Cinco horas con Ken Loach (1ª parte)

Pablo (Madrid)

Conocer un mito en el mundo real es una suerte de inversión platónica que entraña unos riesgos que, de no ser asumidos, pueden derivar no sólo en una gran decepción sino en un profundo desarraigo y desprecio por dicho mito e incluso por la obra que le ha convertido en tal, sacándole tanto a él como a su obra del poderoso simbolismo envolvente que en el momento de su contemplación nos atrajo.
Ya sea un futbolista, un cantante o un escritor reconocido, la admiración por el objeto creado (un gol, una canción o un libro) perfila una imagen del creador que resulta tan sugestiva como el objeto nacido de él. Además, este sentimiento estético que la obra ha provocado en el espectador le es devuelto al autor con la misma intensidad, creando una especie de retroalimentación de admiración que eleva la figura del creador por encima de la realidad, generando un símbolo de representación de valores.

En nuestros días poder conocer de verdad a una de estas figuras admiradas resulta poco menos que algo imposible. Ya sea por la edad del creador, que para alcanzar un nivel de creación excelente ha de que recorrer un largo camino, o por la dificultad para llegar a él, pues o está cargado de compromisos o trata de evitarlos a toda costa, acercarse a la figura admirada es tremendamente complicado. Ya sea por carta o en persona la posibilidad de que se llame lo suficiente su atención como para que fije la suya en ti es reducida, incluso para los directores de los eventos a los que acuden. Los círculos son reducidos y la cantidad de personas que anhelan entrar en ellos es abrumadora, como consecuencia la cerrazón de estas personas se vuelve en la mayoría de ocasiones comprensiblemente hermética.

Yo nunca he sido un groupie profesional ni he sentido nada más allá de una gran curiosidad por conocer a la persona tras la obra, a la leyenda tras la creación. Nunca me he planteado mandar una carta mis creadores favoritos contándoles lo mucho que les admiro y cómo sus obras han podido influir en mí. No pienso que ellos puedan enseñarme algo que no se pueda aprender de otras personas menos reconocidas públicamente, tampoco he pensado que ellos pudieran darme trabajo o colaborar con ellos. Quizá fuera por el riesgo a conocer a la persona y sentir la nombrada decepción o quizá fuera porque no les admiro tanto como pienso, o por simple pereza o cobardía, pero el caso es que nunca me he molestado en hacer grandes esfuerzos para conocer a las figuras que admiro en tanto que personas.

Sin embargo, sin casi buscarlo he tenido la oportunidad de pasar cinco horas a solas con una de esas personas, un creador excepcional que se rodea de grandes profesionales para dar lugar a obras de merecido reconocimiento internacional. Un genio. Una figura de esas que sólo se admiran en las fotos. Pasé cinco horas a solas con Ken Loach.

El director inglés acudió a la primera edición del Festival Internacional de Cine Político de Ronda (Málaga) a recibir la Goyesca de honor en homenaje a toda su carrera cinematográfica.
En dicho festival yo trabajaba en el departamento de producción y como era normal, sólo esperaba verle de cerca y si acaso, por tener un recuerdo, que me dedicara un autógrafo o se retratara conmigo. Ni siquiera podía imaginar que llegaría a cruzar unas palabras con él, pues a pesar de ser la primera edición de un festival en una ciudad como Ronda, los grandes siguen siendo los grandes y están igual de solicitados tanto por la organización como por los medios e incluso por los asistentes.
Con lo que nadie contaba cuando llegó aquel viernes al festival era que mientras él era homenajeado y se proyectaba su última película, inédita en ese momento en España, los controladores aéreos de los aeropuertos españoles estaban preparando una huelga inverosímil que afectó a todo el país, incluyéndole a él.

El festival se acababa y esa mañana nublada de sábado, en la que amanecí tranquilo en el último día de festival, comenzó con una llamada cuyas primeras palabras son imborrables `Hola Pablo, te vas a Gibraltar con Ken Loach´.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Cinco horas con Ken Loach (1ª parte)

  1. Aletz dijo:

    Hooolly mooolly!

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