UK Riots: Cuando habla la violencia

Elisa (Sheffield)

Después de los disturbios en Londres, Birmingham y Manchester hay mucho por reconstruir, hablar e indagar. La mayoría de los medios y voces del país hablan de las consecuencias que tendrán que sufrir los responsables de los incendios, los robos y los delitos. A algunos de ellos o a sus padres se les pueden quitar los beneficios que les da el gobierno como casa y dinero. A otros se les condenará a prisión o a trabajo social y al correspondiente retiro de beneficios. Las opciones variarán dependiendo el caso pero no hay duda que se les debe de castigar.

Otro de los temas más discutidos son las medidas de seguridad a tomar en otros casos similares. Cameron a sugerido la posibilidad de pausar el sistema de mensajería, telefonía celular, e internet en ciertas zonas durante los brotes de violencia para evitar que los pandilleros se comunique vía Black Berry o Twitter o cualquier otro medio social. Incorporar el uso de cañones de agua con tinta indeleble para marcar a los involucrados mientras los capturan. Dar autoridad a los policías de desenmascarar o dejar al descubierto los rostros de los “pandilleros” y el poder de confiscar otros objetos de valor. Y también se analizarán nuevos métodos de dispersión y uso de tecnología que ayude a mantener el orden.

Dos de los tópicos que han resultado más polémicos son, uno, la posibilidad de contratar a Bill Bratton, como asesor de seguridad; estadounidense quien trabajó con Giulani en Nueva York alrededor de la década de los 90 y que ha desarrollado eficientes métodos de reducción de violencia y vandalismo en las ciudades. El segundo, la continuación al plan de corte de presupuesto al departamento de policía.

Sin embargo muy poco se ha discutido acerca de las causas de los disturbios. Algunos lo han adjudicado a la falta de sistemas religiosos, otros a la desintegración familiar y los argumentos de Cameron apuntan a que sufrimos de una “sociedad fracturada”, de un colapso moral en donde no se diferencia lo bueno de lo malo a causa de una falta de disciplina. Cameron ha señalado que la actitud benévola del gobierno con la instauración de beneficios a gente que no los merece ha dañado a la sociedad, y que eventos como el de la intervención de teléfonos por medios de comunicación y el desastre financiero han perjudicado el balance de la sociedad.

Parece que aunque algunos de que estos factores sean posibles causas de los disturbios faltan elementos por aclarar. Tanto en Inglaterra, como México y los Estados Unidos la mayoría de las soluciones implementadas se concentran en contener los eventos violentos que salen a la superficie con medidas de castigo y contención y/o con programas de incentivos económicos a los más necesitados. ¿Pero es sólo la pobreza lo que genera esta ira? ¿La violencia se va acabar con mejores sistemas de seguridad y mayor uso de la fuerza? ¿Qué detonó el “colapso moral”? ¿A qué se debe? ¿Es debido a la falta de religión y a la repartición de beneficios indiscriminado? ¿Es una violencia causada por una enajenación mediática o por un consumismo incontrolado? ¿Es verdad que hay una falta de distinción entre lo bueno y lo malo o es justamente la conciencia de esta distinción lo que hace a la situación más preocupante? ¿Debemos escuchar a los responsables de los disturbios, merecen tener voz o deben ser callados? ¿Son sólo los perpetuadores los responsables de la violencia? ¿En qué medida soy responsable?

Hay muchas preguntas por hacer y tal vez lo mejor es dejarlas abiertas, hay que buscar respuestas más amplias, menos precipitadas, menos simplistas, tratar de encontrar más sentido dentro del caos. No satanizo que se tomen medidas rápidas en momentos cruciales, pero no es lo único que tenemos por hacer, empecemos por escucharnos, escucharlos, por escuchar qué grita la violencia.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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