Día de piscina: Diálogos imposibles y tatuajes

Pablo (Madrid)

-¡Eh, tíos, tíos, que ya son las 7!

-¿Y?¿Acaso tienes prisa?

-No, sólo quería remarcar el hecho de que todos los días poseen un momento en que tienen que ser las 7.

De los cinco tatuajes que su bikini negro dejaba ver, sin duda había dos que destacaban del resto, casi de ella misma, y que cuando los mirabas parecían dibujos a grafito sobre una lamina perfecta, como si su cuerpo sólo existiera para darles un soporte digno. Uno de ellos era un cuervo con las alas desplegadas volando sobre el cielo de su muslo derecho, de la cadera hasta la rodilla, majestuoso, imponente, tan oscuro como ella.

-Y a ver si se cambian el nombre de una vez. Ahora que empieza a irles bien deberían hacerlo.

-¿Por qué? A mí me gusta.

-No puedes poner en el nombre de tu grupo el mismo estilo de música que tocas. Eso es de amateurs.

-A mí `Ni fu ni funk´ me gusta, me parece original.

-No es original. Es amateur, es de novatos. Toca funk, no digas que tocas funk.

El otro cubría la mitad superior de su espalda y era una reproducción exacta en blanco y negro de `El grito´ de Edvard Munch. Creo que es el tatuaje más bello que he visto nunca. Siempre que lo tenía delante aprovechaba para mirarle algún detalle, y a ella le gustaba. Sólo por haber contemplado aquello mereció la pena el día. Sin embargo, a pesar de que este era sin duda el más bonito, no era el que más intriga me provocaba.

-¿Sabéis que en Japón a las chicas les da tanta vergüenza que la gente sepa que están cagando que una empresa ha creado váteres que ponen música para disimular y que la gente no sepa lo que están haciendo?

-Sí, ya, los japoneses. Yo eso lo hice una vez. Estaba en casa de mi ex novio y me daba tanta vergüenza que supiera que tenía diarrea que puse música para que no lo notara.

-¿Y lo notó?

-Hombre claro, y eso que no es japonés.

En su costado izquierdo había un rectángulo de unos diez centímetros de largo por cinco de alto que contenía lo que parecía el ojo de una cerradura clásica, con forma de bombilla. Hacia él parecía que se dirigía una especie de ave roja, no muy definida, que también extendía sus alas, y que era más grande que la cerradura y casi que el rectángulo. Quizá fuera una llave y no un pájaro, o puede que escapara de una jaula o una cueva y que eso no fuera el ojo de una cerradura. El caso es que nunca supe qué era ni qué significaba, ni le pregunté, preferí arremolinar mi imaginación mirando su costado. Nunca había visto un tatuaje así. Los otros dos estaban en la parte interior de sus tobillos y eran un envoltorio de caramelo con una calavera en el centro y el capullo de una rosa en su esplendor.

-Oye Marta, perdona que te comente esto, pero me he dado cuenta de que la letra B la pronuncias como si fuera una G.

-Sí, lo sé. Me da un poco de vergüenza.

-Pues menos mal que no te llamas Bárbara. Entonces dirías Gárgara.

Marta apretó los labios, cerró los ojos durante un segundo y lanzó un suspiro.

-¡No! No puede ser. ¿Te llamas, te llamas Marta Bárbara? ¿De verdad?

Marta dijo que sí con la cabeza levemente, cerrando los ojos.

-Ahora entiendo por qué sólo te conocemos como Marta y no como Gárgara.

Debajo de aquellas pequeñas obras de tinta había una chica, simpática como cualquier chica que se acaba de conocer, hablaba, pero no en exceso, sonreía pero sin ser risueña, parecía vivir de paso, relajada, dueña de cinco tatuajes, de los cuales sólo podía ver uno a simple vista. `Por eso me lo hice en la espalda, quiero tenerlo pero no quiero cansarme de verlo. El cuervo es distinto, además tampoco estoy todo el día mirándome la pierna´ Tenía encanto, mucho, discreto, sutil, guardado bajo la cerradura de su camiseta anarquista. Tenía encanto, es indudable, nadie que se ponga a Munch en la espalda puede carecer de él.

-¿Alguien se ha preguntado alguna vez de dónde viene la palabra metrosexual?

-¿Y a quién le importa?

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a Día de piscina: Diálogos imposibles y tatuajes

  1. DORIAN dijo:

    Me gustó mucho! bien!

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