La pequeña Valeria

Guille (Paris)

Al segundo dia de haber llegado a Paris, empecé francés en una escuela del 18 . Allí conocí a uno de los mejores amigos que tengo en esta ciudad, el doctor Pablo Marini.
Llegó para hacer unas prácticas en La Salpêtrière y se quedó. Él me contó esta historia sobre una niña que tienen en una habitación casi escondida.Ella padece una enfermedad muy singular, tanto que realmente no saben que es y no recibe ningun tratamiento más allá de la reclusion y el descanso forzado. Un primo de esta chica propone una explicacion de su mal.
Tardé mucho ( ícasi dos años !) para convencer a Pablo de que me diera el nombre de este señor para ir a entrevistarlo. Finalmente, hace unas semanas, lo logré. Transcribo la conversación.

– Todo comenzó de manera bastante vulgar, aunque en mi recuerdo, y en aquellos días, todo era màgico. Y cuando digo “todo comenzó” me refiero a la promesa que nos hicimos, aunque todo había comenzado antes. Antes, cuando nos vimos por primera vez en mi casa, teníamos seis años.
Nos dejaron a los dos en el living mientras los adultos hacían la sobremesa. Desde ese día comenzamos una amistad fortalecida por los lienes de parentesco, pues “la pequeña Valeria”, como se la conoce, es mi prima.
Bajo un gran árbol del patio de Valeria nos prometimos que seguiriamos siendo niños, para siempre. Estabamos aterrados por la muerte de un abuelo.
– Y ella cumplió.
– Si. Y yo no. Pero así nació la « Pequeña Valeria », un mounstro que no crece. En vano volví años después a pedirle que olvidara nuestro pacto, que puesto que yo no lo había cumplido ella no estaba obligada a hacerlo. En vano le pedí, en vano le rogué.
Un año después de la promesa no se notaban nuestros cambios, pero poco a poco comenzamos a alejarnos.
Quizás el primer signo fue la muerte de Rulfo, nuestro perro. Yo me asusté, lloré, pero Valeria me dijo: “El no había prometido nada.” Era una advertencia, ella ya había visto en mi los primeros signos de que la abandonaría, y por medio de esta frase me lo hacia saber, como para que recuerde nuestro pacto.
Pero fue inevitable. Mi adolescencia y mi juventud estuvieron marcadas por la culpa.

– Pero Valeria tampoco es una niña normal.
– Si, es cierto. Valeria siguió siendo niña, como lo habíamos prometido, pero la verdad es que no siguió siendo Valeria: Se transformó en una niña extraña, hermética, hasta llegar a lo que es hoy, casi una autista. Y ya han visto el color anormal de su piel y sus ojos, los ojos horrible que tiene.
– ¿Cómo reaccinó la familia de Valeria ?
– Su madre enloqueció y su el entorno decidió engañarla para que no sufra. Internaron a Valeria (por esa época, cronológicamente, debía tener alrededor de treinta y cinco años) y simularon el crecimiento de la nenita, simplemente cambiándola cada vez por chicos más grandes. Y eso era el crecimiento: Cambiar un niño pequeño por otro más grande, luego por otro más grande, después por una adolescente, luego por una mujer. No le importaba que la niñita rubia, de ojos verdes, se cambiara por una adolescente morocha de ojos negros. Para ella era normal. ¿Por qué el crecimiento no nos haría completamente otros? El día que murió, era a una extranjera a la que le habían pagado veinte euros la « Valeria » a quien le dirigió sus ultimas palabras.
– ¿Puede conversar con ella ?
– Muy poco, me odia. Cree que es mi culpa y a lo mejor es cierto.
– ¿Y cómo imagina el futuro de Valeria ?
– Ella tiene dos años menos que yo, es decir ochenta. Espero que muera pronto y que todo esto termine.

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Acerca de sietecuidades

Siete cronistas para siete ciudades. Los lunes Federico desde Buenos Aires, Pablo desde Madrid los martes, desde Taipei los miércoles Iker, en movimiento trashumante desde la Ciudad Autónoma de Mis Zapatos Juliat cada jueves, Sergio desde Nueva York los viernes, desde Beijing llega los sábados Guille, y los domingos Daniela desde Cochabamba.
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Una respuesta a La pequeña Valeria

  1. sietecuidades dijo:

    Buenísimo cuento Guille!

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